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lunes, 25 de enero de 2021

Por qué se le llama “Benemérita” a la Guardia Civil

 

¿Por qué se le llama “Benemérita” a la Guardia Civil?


“La benemérita” es una de las formas por las cuales se conoce a la Guardia Civil en España. ¿Por qué se le llama “benemérita” a la guardia civil? Tenemos que retroceder hasta sus orígenes, concretamente hasta el siglo XIX. Al finalizar la Guerra de la Independencia contra Francia, la debilidad del Estado hace que la inseguridad se apodere de los caminos españoles. Los bandoleros habían sido un mal endémico en España.La gravedad del fenómeno hace que se intente establecer un cuerpo de policía de ámbito nacional que vele por la seguridad pública.

Así, el 28 de marzo de 1844, se produce el momento histórico de la creación oficial de la Guardia Civil cuando, por Real Decreto, se crea un “cuerpo especial de fuerza armada de Infantería y Caballería”, bajo la dependencia del Ministerio de la Gobernación y con “la denominación de Guardias Civiles”. A los efectos de organizar esta nueva fuerza se comisiona al mariscal de campo D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada.

La palabra Benemérita proviene de beneméritos, cuyo significado es «bien merecidos» o «dignos de galardón». El cuerpo armado adquirió su popular mote después de que le fuera concedido el título de «Benemérita» tras otorgarle la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia en octubre de 1929. Esta destacable e importante distinción se le otorgó por la gran labor que realizó el cuerpo durante el siglo XIX en adelante. Preservando la seguridad en los caminos del estado, además de otras funciones. Como así se pudo afirmar en el Real Decreto que le concede la distinción: “..por los innumerables actos de servicio abnegados, humanitarios y heroicos que los individuos pertenecientes al mismo han realizado con motivo de incendios, inundaciones y salvamentos de náufragos”.

De esta manera se ha expandido por España esta forma de conocer a la Guardia Civil, en honor a sus grandes y prestigiosas labores realizadas en este país.

SOBRE LA ORDEN DE LA BENEFICENCIA 


La Orden Civil de la Beneficencia fue una distinción civil española que tenía por objeto recompensar actuaciones o servicios considerados extraordinarios realizados en el transcurso de calamidades públicas, fue creada el 17 de mayo de 1856, reinando Isabel II. Fue substituida por la Orden Civil de la Solidaridad Social el 17 de abril de 1989.

El USO DEL TRICORNIO


Una de las piezas más destacadas del uniforme de los guardias civiles se trata sin duda del popularmente conocido como tricornio. Elemente el cual se atribuye de forma única y expresa - al menos en España- a la Guardia Civil. Por lo tanto podemos considerarlo como uno de los elementos más identificativos de este cuerpo. ¿Cuál es su origen?, ¿Por qué se utiliza?.

El objetivo por parte del Duque de Ahumada era que el cuerpo tuviera un uniforme de aspecto elegante, severo y vistoso. Por ello presentó al General Narváez un maniquí con el uniforme y el tricornio que fue diseñado y pensado para las fuerzas de caballería. Este uniforme fue aceptado pero con la condición de que las fuerzas de infantería también lo llevaran

Fue la reina Isabel II, a propuesta del General Narváez, la encargada de extender el uso del tricornio a ambas fuerzas. En su momento era un tipo de sombrero de alas, en el que la posterior y la anterior se doblaban sobre la copa, y se mantenían recogidas mediante una cinta y un botón. De ahí su nombre de tricornio, debido a los tres picos.


lunes, 4 de enero de 2021

Eduardo Barreiros

 


Eduardo Barreiros

La historia de un ourensano que, contra viento y marea, construyó un imperio industrial

A lo largo de la historia, surgen empresarios que se convierten en leyendas: Bill Gates, Amancio Ortega, Steve Jobs… Todos ellos son y serán parte de la historia del mundo empresarial. Desgraciadamente no siempre están bien considerados y, en algún caso, son injustamente olvidados. Este 2019 se cumplen 100 años del nacimiento de uno de nuestros grandes. Un gallego que se convirtió en uno de los mayores empresarios de España, que llegó a emplear a más de 20.000 personas en unas instalaciones de más de 2 millones de metros cuadrados, que llegó a fabricar el 40% de los vehículos pesados de España y que fue reconocido por el New York Times como uno de los empresarios más importantes de Europa. Una de esas personas que cambiaron nuestro mundo para siempre. Un genio innovador, que fue capaz de convertir su apellido en sinónimo del motor diesel y sin el cual no se entendería el mundo del motor tal y como lo conocemos en la actualidad: Eduardo Barreiros.

Eduardo nacía el 24 de Octubre de 1919 en Gundiás, Nogueira de Ramuín, Ourense. Su padre había iniciado el negocio familiar con la explotación de varias líneas de autobuses. Con 12 años, Eduardo comenzó a ayudar a su padre como revisor y en el mantenimiento de los viejos autobuses de la empresa. Pasó su infancia entre motores hasta la llegada de la Guerra Civil.

Tras la contienda, abre un taller en Ourense en el que, a partir de chatarra y componentes de desguace, fabrica autobuses para prestar servicio en la empresa familiar. Además, comienza a adaptar motores para su uso con gasógeno (procedimiento que permitía obtener combustible gaseoso a partir de combustibles sólidos como carbón, leña…). Eduardo ya demostraba que era un genio.

Y además de genio, visionario. Tras la Guerra Civil, en España había poca disponibilidad de gasolina, pero sí de gasoil, más barato y cuyo consumo era menor. Así que Eduardo pensó que el negocio estaba en modificar motores de gasolina para que usaran gasoil, para reducir su consumo y con ello, sus costes.

Y vaya negocio que encontró. En 1951 patentaba el procedimiento de transformación y el taller se le quedó pequeño, así que en 1954 decide fundar en Madrid una empresa que se dedicaría a la fabricación de motores, a la que llamó Barreiros Diésel

Eduardo, además de un genio, era un gran conocedor de la importancia del marketing y de la comunicación. En su filmoteca guardaba todos sus trabajos y los documentos de las visitas que recibía en su fábrica. Trabajar en Barreiros en aquellos años era un lujo: pagaban bien y a tiempo, daba ayudas para la compra de vivienda, hizo obligatorios los reconocimientos médicos y las condiciones laborales eran de las mejores del país.

Y en 1957 llegaba el punto de inflexión. Barreiros Diesel ganaba un concurso para suministrar 400 camiones militares a Portugal. Pero el INI (Instituto Nacional de Industria) no estaba interesado en que un humilde gallego se llevara ese contrato. Sin saber muy bien cómo, Eduardo consiguió que Franco solicitara una exhibición del prototipo portugués (al que todos llamaban “El Abuelo”) en los Montes del Pardo. Barreiros lo condujo personalmente en traje y corbata y fue felicitado por Franco. El industrial aprovechó para recordarle que existía la posibilidad de fabricar 400 camiones para Portugal a lo que el caudillo, frente al presidente del INI y al Ministro de Industria, exclamó: “Adelante, Barreiros, adelante”. Tenía vía libre, nadie se interpondría ya en su negocio.

La industria automovilística española estaba controlada por el régimen a través de SEAT (que fabricaba turismos) y ENASA (que fabricaba camiones) y no podían permitir que llegara un terco y espabilado gallego a quitarles su parte del pastel. Pero a pesar de que contaba con enemigos en todos los Ministerios, Barreiros comienza a fabricar sus propios motores, furgonetas y camiones civiles (el Azor, el Super Azor…). Y también comenzó la fabricación de tractores para su exportación a Portugal, África y Sudamérica.

El negocio se amplió a una escala tan grande que Barreiros tenía problemas para encontrar entidades españolas que le ayudaran con la financiación (probablemente con intrigas del INI incluidas) por lo que buscó socios extranjeros que le permitieran dar rienda suelta a su expansión. Tras negociar de manera infructuosa con distintos grupos internacionales, Fiat y General Motors entre ellos, finalmente, en 1963, alcanza un acuerdo con la norteamericana Chrysler, por el cual cedía el 40% de Barreiros Diesel a Chrysler Corporation y se funda la nueva empresa, Barreiros Chrysler.

En esa época, con una inversión de más de 4.000 millones de pesetas de la época (24 millones de euros), se amplía la fábrica hasta un total de 2 millones de metros cuadrados, así como la red de distribución comercial, con otra inversión de 1.000 millones de pesetas (6 millones de euros).

Ya como Barreiros Chrysler, comercializó modelos míticos como el Simca 1000, el Simca 1200 o el Dodge Dart.

Así, Eduardo pone a España de nuevo en el mapa. El 40% de los vehículos pesados de España son Barreiros, exporta productos a 27 países, el New York Times lo reconoce como uno de los empresarios más influyentes del Viejo Continente, y da empleo a 20.000 personas, convirtiéndose en la tercera empresa madrileña tras Renfe y Standard Electric.

En 1967, Chrysler Corporation se hace con la mayoría del accionariado de la empresa y Barreiros Chrysler se convierte en Chrysler España. 10 años después, esta empresa sería vendida al Grupo PSA (Citroen-Peugeot) mientras que la fabricación de camiones pasaría a formar parte de Renault. En 1969, Eduardo Barreiros abandona la empresa, vende su participación y firma un contrato con Chrysler España en el que se compromete a no realizar ninguna actividad relacionada con el motor durante un período de 5 años.

Pero alguien como él no podía permanecer parado, así que se introdujo en el sector ganadero, fundando PUVASA (Explotaciones Puerto Vallehermoso), que en poco tiempo se convierte en uno de los más importantes laboratorios de inseminación artificial de Europa y la principal fuente de abastecimiento de sementales para las ganaderías de todo el continente.

En 1978, conoce en Madrid a Carlos Rafael Rodríguez, Vicepresidente de Cuba, que le dijo: “Usted tiene que venir a la Tierra del Comandante y hacer allí el mismo desarrollo llevado a cabo en España”. Dicho y hecho. Participa en un concurso convocado por el Gobierno Cubano con uno de sus prototipos, el cual vence al presentado por Nissan. Se reúne con Fidel Castro y firma un contrato para el desarrollo automotriz del país, para producir motores diesel y convertir motores de gasolina, bajo su marca, Taino.

Fue tan importante su contribución al país que en 1991, la Universidad de la Habana, le concedía el título de doctor honoris causa en Ciencias Técnicas.

El 19 de febrero de 1992, Eduardo, con 72 años de edad, fallecía en La Habana de manera inesperada, de un infarto.

Su legado sigue vivo gracias a la Fundación Eduardo Barreiros, creada por su hija Mariluz en 1997, de la que es Presidenta.

En la actualidad, en las instalaciones de Barreiros Diesel en Villaverde, Madrid, se encuentran las instalaciones del Grupo PSA y de Renault Vehículos Industriales. La calle que llega hasta la entrada principal lleva el nombre de Eduardo Barreiros.

Así fue como un ourensano cambió para siempre la historia del motor. Un gallego que fue capaz de convertir su apellido en sinónimo de motor diésel.


viernes, 21 de febrero de 2020

GERMANA DE FOIX ESPOSA DE FERNANDO EL CATOLICO




GERMANA DE FOIX ESPOSA DE FERNANDO EL CATOLICO




Germana de Foix, fue la ultima esposa de Fernando el católico, al morir la reina Isabel, Fernando cayo en una especie de depresión, de la que consiguieron sacarle sus consejeros, diciéndole que tomar una joven y bella esposa, volver a tener un hijo, daría al traste con las ambiciones de su yerno Felipe el hermoso. Germana era hija de Juan de Foix (conde de Etampes y vizconde de Narbona) y de María de Orleans, hermana de Luis XII de Francia. Con 18 años se caso con el rey viudo de 58 años,este matrimonio duro once años, Fernando murió por la continua ingesta del polvo de cantáridas para estimular su actividad sexual y tener un hijo con Germana, tuvieron uno que murió a las pocas horas de nacer. Antes de morir el rey católico le pidió a su nieto Carlos I que no abandonara a la viuda Germana, pues no tenia otro consuelo y ayuda que la suya, cuando Carlos llego a la corte española, Germana tenia 29 años y el 17, al futuro emperador le fascino la belleza y la discreción de Germana y tuvieron un apasionado romance. Pero ante la opinión publica el tener un romance con su abuelastra no era bien visto, tuvieron una hija de nombre Isabel, que acabo en un convento, Germana fue obligada a casarse con el gobernador de Valencia y al morir este se casaría por tercera vez con el duque de Calabria, Germana murió en Liria a los 48 años de hidropesía, pesaba ya mas de 120 kilos y nada quedaba de la belleza que había fascinado a tantos hombres....Un vestido de tisu de oro fue su mortaja y su cabeza reposò en un cojín de armiño, fue enterrada en el monasterio jerónimo de san Miguel de los reyes en Valencia que ella había fundado junto a su ultimo marido.






PROSTITUTOS EN LA ANTIGUA ROMA





PROSTITUTOS EN LA ANTIGUA ROMA




La prostitución masculina era casi tan común como la femenina.
En las fuentes antiguas aparecen testimonios explícitos de la existencia, también de prostitutos quienes, presumiblemente, prestaban sus servicios tanto a hombres como a mujeres.
Era legal y los profesionales de este gremio pagaban sus impuestos.Es más, tenían hasta su propia festividad, el 25 de abril y las prostitutas el 26 de abril. A diferencia de las prostitutas, que podían ser de clase baja y con precios modestos, los prostitutos se vendían por cantidades elevadas.
Sus clientes solían ser tanto damas como hombres importantes, ya que la homosexualidad no era mal vista.
Alrededor del año 200 d.C. había calzadas en las que los prostitutos se reunían para ofrecer sus servicios. Los llamadas statio cunnulingiorum eran los lugares habituales en los que estos hombres ofrecían prácticas de sexo oral a sus clientas.
La prostitución masculina se ejercía en termas, baños públicos, en el circo y sobretodo en tabernas y prostíbulos mixtos, aunque también se ha especulado con la existencia de prostíbulos donde sólo se ofrecían hombres.
Muchos de estos hombres eran atletas musculosos, incluso gladiadores.
Tenían tanta demanda que las prostitutas romanas llegaron a quejarse de la competencia que suponían para ellas estos jóvenes prostitutos, cuyos servicios eran mejor pagados por los clientes.
Cuanto más exótico fuese su origen, mucho mejor, por lo que egipcios y orientales eran los más solicitados.
Tenemos pocos testimonios sobre la legislación de la prostitución masculina, uno de los más antiguos se trata de la lex Scantinia de 226 a.C., no se conoce en profundidad pero sí que es mencionada varias veces por los legisladores de la época y al parecer castigaba la pederastia, así como la homosexualidad pasiva de los ciudadanos libres.
Ante la ineficiencia de las leyes se optó por la vía más pragmática y beneficiosa para el Estado romano, gravar su actividad como si de cualquier otro trabajo se tratase, por lo que los prostitutos tuvieron que pagar sus impuestos para poder ejercer legalmente.
Los intentos de prohibición fueron escasos, y los que hubo, fueron más por motivos políticos que intentos reales, así tenemos noticias que Alejandro Severo (222 d.C.) trató de eliminar la imagen licenciosa que había impuesto su antecesor, expulsando a quienes ejercieran la prostitución.
Sólo con la instauración del cristianismo se empezó a perseguir oficialmente todo tipo de prácticas homosexuales, aunque aún gran parte de la sociedad civil las aceptase con normalidad.




miércoles, 19 de febrero de 2020

SER PANFILO






PANFILO



Con esta frase se tacha a una persona de ser cándida,bobalicona o que tarda en obrar.
Procede del conquistador español PÁNFILO DE NARVAEZ, quien en 1518, recibió órdenes del gobernador de Cuba Diego Velázquez, para que atrapara y detuviera a Hernán Cortés, vivo o muerto, ya que se había embarcado con sus hombres, rumbo a México, desobedeciendo sus órdenes.
En 1519, Cortés, que se encontraba en Veracruz (México), donde había desembarcado Narvaez, este fue derrotado y además fue herido por un mandoble de uno de los capitanes en un ojo, que acabó perdiendo.
Además de la derrota, lo peor fue que los hombres de Narvaez, en su mayoría, se unieron a Cortés, quedando este hecho en nuestra lengua con la frase:
"Ser un Pánfilo", como ser tonto, ya que al perder la batalla y un ojo de la cara, también se quedó sin ejército.




viernes, 14 de febrero de 2020

SAN VALENTIN O LUPERCALES




SAN VALENTIN O LUPERCALES



En la Antigua Roma se celebraba el 15 de febrero una de sus festividades sexuales más importantes, los Lupercales, que lanzaba a las calles a los «lupercos», jóvenes desnudos que iban azotando a las mujeres que encontraban por el camino con unas correas de piel de cabra, a modo de miembro viril. Una fiesta demasiado lasciva para el cristianismo
El nombre de los Lupercales deriva de lupus (lobo, animal que representa a Fauno Luperco, romanización del griego Pan, dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina), un animal clave en la fundación mítica de la ciudad. Según la leyenda, el legítimo rey de Alba Longa (la ciudad fundada por el hijo del troyano Eneas) fue destituido por su hermano Amulio, que acabó con todos los hijos varones de éste y convirtió a su única hija, Rea Silvia, en una virgen vestal para que así, al tener un voto de castidad, no tuviera descendientes. Pera la intervención divina salvó a la estirpe. El dios de la guerra, Marte, se enamoró de la bella muchacha y engendró con ella a dos gemelos, Rómulo y Remo. Temeroso de tener en el futuro dos posibles rivales, el malvado Amulio ordenó su asesinato a un hombre que, sin asegurarse de que los niños hubieran muerto, los abandonó a su suerte en el río Tíber. Una suerte de hermanos Blancanieves perdidos en el bosque.
En Cermalus fueron cuidados y alimentados por una loba llamada Luperca y un pájaro carpintero, los animales sagrados de Marte. Tras crecer junto a un pastor local, Rómulo y Remo regresaron para matar a Amulio y liberar de su encierro a su abuelo, que fue repuesto en su trono.
Más adelante en su reinado, los hermanos preguntaron al oráculo de la diosa Juno qué hacer cuando todas las mujeres romanas se hicieron estériles. El oráculo respondió: «Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrío velludo». Desde entonces un cuerpo especial de sacerdotes, los Luperci (amigos del lobo) empezaron a ser elegidos anualmente entre los adolescentes más ilustres de la ciudad (originalmente los cazadores). La reunión anual de los Luperci acontencía el 15 de febrero en la gruta del Lupercal, en torno al monte Palatino. Según la tradición fue en este lugar donde la loba (Luperca) había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, en cuyo honor se hacía la fiesta. Allí los sacerdotes celebraban el sacrificio de un perro y de un macho cabrío –animales que eran considerados impuros– y marcaban con la sangre del sacrificio la frente de los luperci.
A continuación, los luperci cortaban la piel de los animales sacrificados en tiras, las llamadas «februa» (posiblemente el origen de febrero). Desnudos o tapados solo por unas tiras de cuero, salían alrededor del monte Palatino a golpear a todos los que encontraban a su paso. El ser azotado por las tiras de cuero de los luperci equivalía a un acto depurificación, y era llamado februatio.
Para las mujeres este rito aumentaba su fertilidad poniéndole las carnes de color púrpura. Un color que representaba a las prostitutas de la época, en particular las que ejercían la prostitución sagrada con los lupercos en el Ara Máxima.
La fuerte carga sexual de las Lupercales hizo que el Papa Gelasio I condenara esta festividad en el año 494. Esta fiesta pagana fue sustituida progresivamente por la conmemoración del martirio y muerte de San Valentín el 14 de febrero del año 270, hoy el Día de los enamorados. Según la leyenda, San Valentín era un sacerdote cristiano, anteriormente médico, que se opuso a ley que prohibía a los soldados casarse. El sacerdote desafió al Emperador Claudio II celebrando en secreto matrimonios para jóvenes enamorados. En consecuencia, el emperador Claudio ordenó encarcelar y matar a Valentín.
Valentín fue martirizaran y ejecutaran el 14 de febrero del año 270. En su tumba Julia, la hija de un oficial romano al que había devuelto la vista Valentín, plantó un almendro de flores rosadas. De ahí que el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.
La festividad religiosa se estuvo celebrando hasta 1969, año en el que bajo el pontificado de Pablo VI la Iglesia Católica decidió eliminar San Valentín como festividad del calendario postconciliar (acordado en el Concilio Vaticano II), pasando a ser esta una fecha con santo pero sin celebración. Esto se debió sobre todo a la dificultad para encontrar detalles probables sobre la vida de este santo.

sábado, 22 de diciembre de 2018

ESTO ES LA NAVIDAD






ESTO ES LA NAVIDAD



El día del 21 de diciembre es una fecha muy especial, tiene lugar el solsticio de invierno: la noche más larga del año, el momento que marca el final de la oscuridad y la llegada de la luz. Es un momento mágico, celebrado por muchas culturas desde la Edad del Hierro, y quizás antes. En el Norte, donde la oscuridad es aún mayor y el frío también, el solsticio de invierno significaba el triunfo de la vida sobre la muerte. Era un momento de celebración recogida, las familias y los amigos se reunían ante el fuego para celebrar que estaban vivos y para recordar a los que se habían quedado por el camino. Era el Yule.
En la festividad de Yule, una celebración que podía durar varias semanas en torno al solsticio de invierno, se colocaba bajo techo un árbol que recordaba el Yggdrasil, el Gran Fresno de cuyas ramas penden los Nueve Mundos, incluyendo el de los hombres.
Se sacrificaba una cabra en honor a Thor (el dios de trueno nórdico conducía un carro tirado por dos machos cabríos de los que podía alimentarse y siempre revivían). La cabra era una ofrenda y terminó convirtiéndose en un símbolo de esta fiesta pagana, la que portaba las ofrendas.
Y en las tierras de Finlandia esta cabra se encarnó en un anciano que traía regalos llamadoJoulupukki (cabra de Yule), más conocido por todos nosotros como Santa Claus o Papá Noel.
El País Vasco conservó su propia figura al respecto: el Olentzero, también relacionado con tradiciones muy antiguas que se celebraban en el solsticio de invierno.
Igualmente, en muchos pueblos del norte de España aún sobreviven festividades paganasrelacionadas con el solsticio de invierno, como el Zangarrón, un demonio vestido de pajaaterroriza cada invierno a los habitantes de Sanzoles del Vino o Los Carochos de Riofrío de Aliste, demonios con colmillos de jabalí; dos festividades señaladas en Zamora.

Así se convirtió Yule en la Navidad

Si todo esto que os cuento os resulta familiar (una fiesta con la familia y los amigos reunidos junto a un árbol, comiendo cordero y ofreciendo regalos)  es porque la Navidad procede de esta fiesta pagana llamada Yule.
En la Biblia nunca se cita la fecha del nacimiento de Cristo, es más, según cálculos basados en los datos aportados por los evangelios algunos expertos señalan que Jesús debió nacer en septiembre. Pero cuando el cristianismo comenzó a hacerse fuerte en el Imperio Romano hubo que elegir un día concreto para conmemorarlo.
Al igual que ocurrió con muchas otras celebraciones paganas (el solsticio de verano-San Juan, el equinocio de primavera-Pascua, Samhain-La noche de todos los Santos) los cristianos asimilaron las festividades locales del solsticio de invierno para fijar el nacimiento de Cristo: Yule en las tierras de los ‘bárbaros’ y la Saturnalia (una fiesta pagana en honor a Saturno) en el caso del Imperio Romano, que justo culminaba el 25 de diciembre con Natalis Invictis Solis, el nacimiento del sol invencible.
Parecía lógico que Cristo, que había venido al mundo para librar a la humanidad de la oscuridad, naciera en una fecha tan señalada como el solsticio de invierno, en el que la vida triunfa sobre la muerte. Si queréis saber más sobre esto, no os perdáis este exhaustivo texto de la historiadora Laia San José Beltrán sobre el origen de esta festividad nórdica del solsticio de invierno.

Recuperando Yule en la actualidad

En los países escandinavos e incluso en Gran Bretaña se han conservado algunas tradiciones originales de Yule, como quemar un gran tronco (cuenta también su versión en bizcocho de chocolate), colgar la cabra de paja que simbolizaba el sacrificio de la cabra a Thor o el Wassailing Yulesinging, que es lo que nosotros conocemos como ‘pedir el aguinaldo’.
También hay comunidades que en la actualidad tratan de recuperar la festividad original de Yule, con su significado primigenio.
Me encuentro entre una de esas personas fascinadas por estas antiguas costumbres, así que no es de extrañar que también nacieran en el solsticio del invierno los protagonistas de Neimhaim, Ailsa y Saghan, dos jóvenes señalados por el destino para unir a dos pueblos antagónicos.
¡Feliz Yule a todos!

martes, 26 de junio de 2018

EL AÑO QUE NO HUBO VERANO






EL AÑO QUE NO HUBO VERANO




Fue conocido como “el año sin verano,”, pero también como “el año de pobreza”, “el verano que nunca fue”, “el año que no tuvo verano”, y con el muy gráfico nombre de “Mil ochocientos hielo y muerte”. El año 1816 fue anormalmente frío, y fruto de esa bajada de temperaturas se vivieron fenómenos tan raros en algunos sitios como hielo en julio o nieve en agosto. Descrito por el historiador John D. Post como “la última gran crisis de supervivencia del mundo occidental”, 1816 supuso el punto álgido de la llamada “Pequeña Edad de Hielo” que todo el Hemisferio Norte llevaba viviendo desde 1300 y que duraría hasta 1850.

Naturalmente, las consecuencias para la población fueron catastróficas. No sólo hubo hambre debido a que la mayor parte de las cosechas se malograron, sino que también se vivieron epidemias cuyos efectos duraron muchos años. Además, se gestó el hoy conocido como “Triángulo de oro”, se vivió una efímera (y fracasada) exploración polar y se concibieron algunas obras literarias y artísticas hoy mundialmente conocidas. No ha habido ningún año parecido del que se tenga noticia, ni antes ni después.

El 5 de abril de 1815 el volcán Tambora, situado en la pequeña isla de Sumbawa en la actual Indonesia, entró en erupción. La explosión se oyó en las Molucas, a 1.400 kilómetros de distancia. El gobernador de las islas, Sir Stamford Raffles, pensó que se trataba de un ataque y envió barcos de guerra en auxilio a los navíos y ciudades que creía en apuros. La erupción continuó hasta la mañana del 6 de abril y se fue apagando poco a poco. Sin embargo, esto no fue debido a que la furia volcánica se hubiera aplacado, sino que la lava era lo bastante fría como para solidificarse nada más salir. Esto taponó el cráter del volcán, pero también aumentó la presión en su interior.

Esta presión fue subiendo hasta que la caldera no la soportó más y estalló violentamente a las 7 de la mañana del 10 de abril. La explosión fue de tal calibre que a 2.500 kilómetros de distancia las casas se tambalearon. Poco después empezó a llover ceniza y piedra pómez de hasta 20 centímetros de diámetro. La lluvia de ceniza fue tan intensa y rápida que mató instantáneamente a los 12.000 habitantes de la isla. La lava arrasó lo poco que quedaba. La columna de ceniza superó los 43 kilómetros de altura y ocultó el sol durante dos días en 600 kilómetros a la redonda. Se estima que la erupción liberó aproximadamente unos 140.000 millones de toneladas de material volcánico. Para que nos hagamos una idea, si todo ese material cayera sobre la Península Ibérica quedaría sepultada bajo una capa de ceniza de 27 centímetros de espesor.

La erupción terminó el 15 de abril. La cantidad de muertos producidos por la explosión volcánica y los posteriores tsunamis oscila según la fuente entre 50.000 y 80.000. Teniendo en cuenta la población por entonces de Indonesia, si hoy en día se produjera allí una erupción de esa magnitud el número de víctimas mortales rondaría el millón. Pequeñas columnas de humo siguieron observándose hasta septiembre, y en octubre aún seguían flotando grandes balsas de piedra pómez que incluso llegaron a alcanzar las costas de Calcuta (a 3.600 kilómetros de distancia). La erupción del Tambora es la mayor registrada en la historia reciente de la humanidad y alcanza el valor 7 en el “Índice de Explosividad Volcánica”, que tiene un máximo de 8. El volcán, que antes de la erupción medía 4.300 metros, vio reducida su altura a 2.850 metros.

A medida que la ceniza y los gases liberados por el volcán se extendían por la atmósfera, pudieron observarse espectaculares atardeceres rojos, naranjas y morados por toda Europa y Norteamérica durante el verano y el otoño de 1815. En el este de Estados Unidos, una niebla persistente volvía la luz del Sol de un amarillo pálido, tan denso que permitía distinguir las manchas solares a simple vista. La temperatura iba enfriándose, de modo que en el invierno de 1815 las nevadas alcanzaron el sur de Italia. La peculiaridad estaba en que los copos de nieve tenían tonalidades amarillentas, marrones y rojizas. En Asia, la llegada de los monzones se vio perturbada durante dos años, provocándose graves inundaciones seguidas de grandes sequías.

Pero fue durante el año siguiente en que los efectos de la explosión del volcán se hicieron más agudos. Si bien la primavera era más fría de lo habitual, fue a partir de mayo cuando las consecuencias fueron más evidentes. Así, por ejemplo, en el este de Estados Unidos se produjeron nevadas en junio. Asimismo, una copiosa tormenta dejó Quebec bajo 30 centímetros de nieve, y las aves murieron congeladas en las calles. En Centroeuropa se produjeron tormentas de pedrisco de un tamaño nunca visto y que tuvieron como consecuencia violentas riadas que arrastraron personas, animales y enseres. En España y Portugal, la temperatura media bajó tres grados. En Taiwan, que posee clima tropical, nevó en julio. Durante todo el verano se produjeron heladas en todo el Hemisferio Norte que, entre otras cosas, echaron a perder las cosechas. En algunas zonas del sur de China se produjeron nevadas en agosto. También en agosto se observó hielo en los ríos de lugares tan al sur como Pennsilvania.

Las cosas no fueron mucho mejores en otoño e invierno. Se sucedieron las heladas, el frío y la nieve, mientras que en otras zonas las lluvias torrenciales arrasaban lo poco que quedaba. Asimismo, los años 1817 y 1818 fueron también más fríos de lo normal. Aunque desde luego no alcanzaron el nivel de 1816, el segundo más frío desde 1400, tal y como atestiguan los anillos de crecimiento de los robles.

No obstante, se produjo también el fenómeno inverso en otros lugares. En el norte de Europa el año fue más cálido de lo habitual aunque cayó una cantidad de lluvias tres veces superior a la media. Particularmente Rusia y los países bálticos tuvieron un año más bonancible, algo que tuvo gran importancia como se verá más adelante. En el Polo Norte, la cálida temperatura hizo que hubiera menos hielo lo que dejó navegable gran parte del Ártico. Como veremos, esto también tuvo su repercusión.

Como ya hemos dicho, las cosechas se echaron a perder por las heladas y porque, entre otras cosas, la tierra estaba tan dura por el frío que no fue posible arar hasta bien entrado el mes de junio. Si bien en todo el Hemisferio Norte las consecuencias fueron terribles, fue en Europa donde más se notó la catástrofe. O las cosechas se perdieron por las heladas de julio y agosto (caso de Francia o Gran Bretaña) o lo hicieron por las intensas lluvias (caso de Europa Central).

El continente europeo acababa de salir de las guerras napoleónicas y se encontraba devastado. Las continuas campañas militares a lo largo de más de una década habían dejado sin reservas de grano a gran parte de los países, de modo que las malas cosechas hicieron que la hambruna fuera generalizada. En Londres se repartía diariamente una ración de sopa a la gente desfavorecida, igual que en la Edad Media. Se registraron disturbios en buena parte del país y marchas con el lema “pan o sangre”. En Irlanda e Italia hubo un violento brote de tifus que diezmó a la población. El precio de los cereales subió de tal modo que en Francia tuvieron que poner escolta militar a los carros que transportaban trigo para evitar que fueran saqueados. Los altos precios se mantuvieron a lo largo de 1816 y 1817 (llamado “el año de los mendigos”), a excepción de las zonas costeras, donde el transporte era más barato. En Alemania y Suiza la población sólo tenía para comer patatas podridas, y el país helvético tuvo que declarar el estado de emergencia nacional.

Una salida para los hambrientos fue la emigración. Alrededor de 60.000 personas se embarcaron hacia América, en su mayoría británicos e irlandeses, que tenían más fácil acceso a los puertos que la gente del interior de Europa. No obstante, las condiciones en el puerto de Amsterdam eran tan malas que muchos de los que llegaron allí con el propósito de embarcar se dieron media vuelta y regresaron a sus casas. Otra gran parte de la población emigró hacia Rusia, donde las cosechas fueron normales hasta el punto de que el zar Alejandro I autorizó el envío de grano al oeste de Europa.

Las consecuencias en España y Portugal no iban a ser menores. Las temperaturas bajaron entre dos y tres grados de media por debajo de lo habitual en época estival. Las gélidas temperaturas mataron las cosechas de fruta, y especialmente hicieron daño a la uva. Los olivos, muy sensibles al frío, no aportaron una recolección de calidad. Los agricultores tuvieron el esfuerzo extra de separar el cereal seco y maduro de las semillas verdes, por los retrasos en la cosecha. No obstante, no se dispone de más datos de este periodo pues Fernando VII había vuelto del exilio y (consciente del daño que le podría causar) eliminó la prensa durante los años 1815 a 1820. Sin embargo, recientes estudios de la Universidad de Santiago han encontrado pruebas de que muchos hórreos gallegos estuvieron vacíos ese año. Han encontrado también un documento que dice sombríamente “hai moitos mortos polos camiños”.

En Norteamérica la situación no fue mucho mejor. A pesar de que los campesinos consiguieron salvar gran parte de las cosechas de maíz y otros cereales, los precios no dejaron de subir. La avena, por ejemplo, multiplicó su precio por ocho. Gran parte de las ovejas, que ya habían sido esquiladas, murieron congeladas por las heladas de junio. En Terranova apenas tenían para subsistir y tomaron la decisión de cerrar el puerto a los barcos que trajeran inmigrantes europeos. La gran demanda de grano en la frontera del noroeste trajo como consecuencia la especulación de tierras y la masacre de indios. De hecho, el precio de los cereales era tan alto que cuando volvió a la normalidad se produjo el llamado Pánico de 1819, la primera gran depresión económica de los Estados Unidos. Sus efectos duraron hasta bien entrado 1820 y paró en seco la expansión hacia el oeste.

La situación en Asia fue también terrible. Por supuesto, la zona más afectada fue Indonesia, donde la pérdida de las cosechas propició una hambruna que duró años. La alteración de los monzones fue la causa de una epidemia de una nueva cepa de cólera que se extendió por todo el planeta a lo largo del siglo XIX y que causó millones de muertos. En la provincia china de Yunnan las cosechas se perdieron completamente y la población acabó comiendo arcilla. Para cuando los precios se recuperaron, los campesinos de la región cambiaron la siembra de cereales por la más rentable siembra de opio, dando origen a lo que hoy se conoce como “Triángulo de oro”. De hecho, a mediados del siglo XIX esta región era la mayor productora del mundo. También en China, el hambre y el frío provocaron la deserción masiva de los reclutas del ejército.

Por aquel entonces no se tenía una ciencia meteorológica demasiado avanzada, por lo que se atribuía la situación a la cólera de Dios. Muchos veían en las muertes, el hambre y el frío las señales de un inminente apocalipsis por haberse apartado de la religión. En todo el mundo se instaló un pesimismo generalizado y una falta de esperanza en lo que habría de venir. Era el caldo de cultivo perfecto para predicadores y charlatanes. No en vano, fue en esa época cuando Joseph Smith, huyendo del hambre en Vermont, tuvo su famosa visión que dio lugar al nacimiento de la religión mormona.

Pero no todo fue destrucción en el año sin verano. También se produjeron explosiones creativas que enriquecieron el arte y la cultura humana. Así, por ejemplo, se dice que durante el frío año de 1818 se estropeó el órgano de la iglesia de San Nicolás en Oberndorf, Austria. El sacerdote Joseph Mohr quería música para celebrar la misa del gallo y le pidió a Franz Gruber que compusiera una melodía para la letra de un poema que había compuesto en 1816 y la tocara con la guitarra. Así fue como nació el villancico más famoso de todos los tiempos: “Stille Nacht, Heilige Nacht” (“Noche de Paz, Noche de Amor”).

En el terreno científico también hubo noticias que reseñar. En Alemania, la falta de avena para alimentar a los caballos pudo haber inspirado al inventor alemán Karl Drais el estudio de nuevas formas de transporte sin animales, inventando la dresina o velocípedo, que fue el ancestro de la actual bicicleta y un paso más hacia el transporte personal mecanizado. Asimismo, las noticias de la escasez de hielo en el Polo Norte propiciaron que el Almirantazgo británico enviara expediciones para encontrar el mítico paso del noroeste. El problema fue que se tardó tanto en organizar dichas expediciones que para cuando llegaron los hielos habían vuelto a su nivel habitual y no pudieron abrirse camino.

Por lo que respecta a la pintura, el mejor legado que nos queda es el de William Turner. Conocido como el pintor de la luz, se especializó en paisajes y se le considera el precursor del impresionismo. Se cree que los intensos atardeceres de 1815 y 1816 inspiraron parte de su obra, en la cual refleja el poder de la naturaleza sobre el ser humano. Muchas veces se ha afirmado erróneamente que las veladuras típicas de sus cuadros se debían a un defecto en la vista del pintor, cuando en realidad Turner se limitaba a reflejar los tonos del cielo que recordaba de aquellos atardeceres que había presenciado en su juventud.

Sin embargo, la consecuencia artística más famosa de este año sin verano se produjo en una casa cerca de Ginebra, a orillas del lago Leman, llamada “Villa Diodati”. Allí se encontraban veraneando varios escritores que, aburridos por el mal tiempo y las lluvias incesantes, hicieron la apuesta de contarse cada noche historias de terror. Entre los ocupantes de la villa estaban Lord Byron, el poeta Percy Shelley y su amante Mary Godwin (posteriormente Mary Shelley). De aquellas veladas nacieron el poema “Oscuridad”, de Byron, o el relato “El vampiro”, de William Polidori, que sirvió de inspiración al posterior “Drácula” de Bram Stoker. Pero sin duda la obra cumbre de aquellas veladas fue el relato llamado “Frankenstein o el moderno Prometeo”, de Mary Shelley, una de las cumbres de la literatura universal, y sin duda una de las mejores novelas de terror de todos los tiempos.






miércoles, 13 de junio de 2018

AMAZONAS GUERRERAS





AMAZONAS GUERRERAS




Antes de nuestra era, el papel de la mujer en la milicia siempre fue testimonial, reducido a tareas auxiliares, excepto en un puñado de casos exóticos. Son conocidos los casos de la reina guerrera Nzinga de Matamba, en la Angola del siglo XVII, que bebía la sangre de los portugueses y tenía un harén masculino; o las cuatrocientas guardias femeninas de Mongkut, el rey de Siam. Pero, sin duda, las más famosas fueron las amazonas de Dahomey, que pagaron con sus vidas el alarde de valor que demostraron en el campo de batalla ante la Francia colonial.
Cuenta Diodoro Sículo en su Biblioteca histórica que trece amazonas acudieron a Troya para ayudar a defender la ciudad del famoso asedio aqueo y fueron cayendo a manos de los grandes héroes que protagonizaron aquel episodio: Áyax, Idomeneo, Diomedes… Quien más se fajó en ello fue Aquiles, que acabó con la mitad de ellas: Polemusa, Antandra, Hipótoe, Harmótoa, Antíbrota y, finalmente, la propia Pentesilea, hija del dios Ares y la reina amazona Otrera, y hermana de Hipólita, otra soberana célebre porque Hércules le arrebató su cinturón para entregrárselo a Admete, la hija de Euristeo, en el que fue su noveno trabajo.
La importancia que dieron los griegos a las amazonas como sus antagonistas míticas terminó por traer su aceptación en clave histórica, de manera que todos los autores helenos daban por real a aquel insólito pueblo. Heródoto, que las llamaba Andróctonas (o sea, “asesinas de varones”), situaba su país entre Escitia y Darmacia mientras Filóstrato lo hacía en el sur de la actual Turquía, Procopio las llevaba hasta el Cáucaso y Amiano al río Don; para Esquilo eran escitas de origen, trasladadas al norte de Asia Menor.
Esa presunta historicidad avalada por los clásicos, a pesar del escepticismo manifestado por Estrabón, hizo que la leyenda fuera asumida como cierta también en la Edad Media, algo en lo que colaboró la fantasía de Marco Polo al hablar de una isla habitada exclusivamente por mujeres que mantendrían contacto cada primavera con los varones de otra cercana, exclusivamente masculina. Fue la llegada del Renacimiento la que empezó a poner en duda su existencia, si bien el tema era demasiado jugoso como para que los literatos y artistas lo dejaran escapar en una época caracterizada precisamente por la recuperación de la iconografía clásica greco-romana.
Así, poemas, pinturas, esculturas y obras de todo tipo consolidaron el arraigo del mito, especialmente en la mente popular, de forma que cuando se descubrió el Nuevo Mundo los conquistadores españoles identificaron amazonas por todas partes cuando veían a mujeres indígenas esgrimiendo armas. Lo hicieron Colón con las caribes de la isla de Matinino, Cortés con las mujeres de otra isla de la provincia mexicana de Cihuatán, Vázquez de Coronado con las biritecas del reino costarricense de Coctú y, sobre todo, Orellana con las que les asaetearon cuando descendía por el Marañón (al que se renombró Amazonas por eso).
De hecho, no sólo fueron los españoles los que creyeron ver esa encarnación americana de la leyenda, ya que el alemán Ulrico Schmidl reaccionó igual con las indígenas de la Cuenca de la Plata y Walter Raleigh con las de la Guyana. Es decir, las amazonas siempre se localizaban en los confines del mundo civilizado por lo que, al margen de que la arqueología haya confirmado ciertas bases reales (las mujeres sármatas y escitas solían participar en la guerra y a menudo buscaban pareja en pueblos vecinos), no es de extrañar que el descubrimiento de un cuerpo militar femenino en el África subsahariana terminara asimilado por los exploradores blancos con el mito griego.
Ocurrió en Dahomey, un estado situado en la franja litoral de la actual República de Benín donde habitan los yoruba, etnia que abarca buena parte de la región oeste del continente y constituye también un importante porcentaje de la población de Nigeria, Togo y Sierra Leona, pero también otras etnias que formaban un complejo e inestable puzzle; en Dahomey predominaban los fon. El Reino de Dahomey, nombre que deriva de Abomey o Abomé, una ciudad bautizada así por la muralla (agbomé) que la rodeaba, fue creciendo poco a poco a partir del mandato del rey Aho, que lo dotó de estructuras de estado. Entre ellas un eficaz ejército que permitió su independencia y expansión.
Sin embargo, la escasez de guerreros disponibles que se encontraron sus sucesores para poder garantizar su privilegiada situación y afrontar la enorme superioridad numérica de los yoruba llevó a uno de ellos, Agadja, que reinó entre 1708 y 1732, a crear un cuerpo de mujeres guerreras que heredó las funciones que antes desempeñaba el gbeto, una unidad de cazadoras de elefantes impulsada por su padre Houegbadja, el tercero de la dinastía, unas décadas atrás. Las féminas de Agadja realizaban labores de guardia personal, aunque en 1724 también participaron en la guerra contra Allada y en 1727 en la conquista de Savi, la capital del vecino Reino de Whydah, que fue anexionado.
Por aquella época ya había europeos comerciando en la zona, fundamentalmente con esclavos pero también con otros productos, lo que llevó a Dahomey a una gran prosperidad económica. Fueron los blancos quienes dejaron testimonio de la contienda con Whydah y de aquel insólito grupo de guerreras armadas con mosquetes a las que, inevitablemente, llamaron amazonas, aunque ellas se autonombraban Ahosi o Mino, que significan respectivamente “Esposas del Rey” y “Nuestras madres” en la lengua fon (un subgrupo del gbe, el cual se extiende desde el este de Ghana al oeste de Nigeria y aglutina una veintena de dialectos).
Ahora bien, frente a la buena marcha de la economía había algunos problemas. Uno de ellos estaba en las dificultades demográficas, que obligaban al rey a establecer un control de natalidad positiva que compensase los sacrificios humanos y las pérdidas en combate. Peor aún fue cuando el imperialismo de Dahomey se estrelló contra Oyo, otro reino yoruba del sudoeste de Nigeria, por el control del negocio esclavista. La debacle fue de tales proporciones que hubo que pactar un vasallaje y pagar un tributo anual, una parte simbólica en esclavos (41 jóvenes y 41 doncellas) y otra, más práctica, en mercaderías.
Llegó entonces una fase de decadencia, agudizada porque los sucesores de Agadja convirtieron el esclavismo en monopolio real justo cuando se produjeron la Guerra de Independencia estadounidense y la Revolución Francesa, que redujeron la demanda considerablemente agravando el descenso de actividad de las factorías costeras. La subida al trono de Ghézo en 1818 constituyó un golpe de timón porque resultó ser un estadista de primera que reformó la administración, introdujo un nuevo producto de interés para los extranjeros, el aceite de palma, y recuperó el negocio esclavista gracias al final de los conflictos antes señalados, si bien ya no alcanzaría las proporciones de antaño porque la Royal Navy patrullaba las aguas persiguiéndolo.
Ghézo también emprendió una política militarista que le permitió liberar a Dahomey del dominio de Oyo e iniciar una serie de conquistas que doblaron el número de habitantes sobre los que gobernaba, pasando a dos millones; por eso se conoció a su reino como la Esparta Negra. Evidentemente, para ello fortaleció el ejército, dotándolo de mejor equipamiento, organizándolo en regimientos con nombres propios y creando un ceremonial militar como en los de Europa. Y parte de esa tropa la componían las Mino, reclutadas a veces entre mujeres cautivas extranjeras (como pasaba también con los hombres) pero sobre todo entre las libres dahomeyanas.
El nombre de Ahosi, que antes veíamos que significaba “Esposas del Rey”, hacía referencia a que muchas de ellas integraban el harén real, en el que figuraban cientos de consortes. En suma, el sistema de reclutamiento incluía tanto a voluntarias como a forzadas; en plan anecdótico se puede reseñar que entre esas últimas había a veces mujeres cuyos maridos o padres las habían denunciado por algún comportamiento inadecuado -agresividad sobre todo-, de ahí que algunas entraran en esa milicia ya en la infancia, a veces a edades tan tempranas como los ocho años.
Eso sí, formar parte de aquel cuerpo implicaba la renuncia a la vida matrimonial -aún cuando siguieran siendo consortes del rey- y a tener descendencia; de hecho las que ingresaban de pequeñas solían conservar la virginidad. A cambio realizaban un intenso entrenamiento con ejercicios físicos, técnicas de supervivencia, resistencia al dolor (físico y psicológico) y tácticas bélicas, tanto ofensivas como defensivas. Practicaban el asalto a posiciones pisando ramas de acacias (este tipo de árbol posee agudas espinas) para endurecer la piel de los pies y se encargaban de ejecutar personalmente a los prisioneros para insensibilizarse emocionalmente, parece ser que, en efecto, no tenían piedad y mostraban una crueldad especial.
Por supuesto, las Mino gozaban de un estatus socioeconómico privilegiado (Sir Richard Burton contó que tenían cincuenta esclavos cada una y en sus paseos siempre iban precedidas por uno que agitaba una campanilla para que la gente le dejara paso, pues tocarlas implicaba pena de muerte) que les permitía también el acceso a puestos de influencia política. Así, sus jefas eran miembros del Gran Consejo y tomaban parte en las decisiones. Esta abigarrada mezcla de disciplina, belicosidad, prestigio y ascetismo les confería un carácter misterioso, casi sagrado, que entroncaba con la fe de la etnia fon (la mayoritaria en Dahomey) en el vudú, la religión animista común que compartía con otras etnias como la ewe, la mina y la kabye (que habitaban áreas de las actuales Ghana, Benín y Togo).
Esa impresión que causaban en el pueblo se incrementaba con los vistosos desfiles que hacían por las calles o la ceremonia anual de juramento de fidelidad al rey, en que sacaban a lucir sus mejores galas y exhibían el armamento occidental que utilizaban, que en la segunda mitad del siglo XIX incluía ya rifles de repetición Winchester, aparte de sus armas blancas tradicionales (a mediados de esa centuria recibieron uniformes y equipos daneses que les dieron un aire aún más impresionante a ojos de la población). El misionero italiano Francesco Borghero dejó escrito que esos eventos solían incluir batallas simuladas en las que las Mino representaban el asalto a un fuerte y capturaban a sus defensores.
Un tercio del ejército de Dahomey estaba formado por estas amazonas; en números, entre un millar y seis mil efectivos (las cifras fueron reduciéndose con el tiempo) que en la práctica constituían la guardia real, a su vez subdividida en tres unidades, una central y dos de flanco. Eso no quiere decir que fueran invencibles, claro, y se apuntaron una derrota en la incursión que intentaron contra Abeokuta, una ciudad situada en el actual estado nigeriano de Ogun que había sido fundada en 1825 en un macizo rocoso para que los pueblos de los alrededores pudieran refugiarse eventualmente de las razias esclavistas.
Los pueblos originales de Abeokuta eran de etnia egbe, prófugos del reino de Oya que, a esas alturas, se estaba desmoronando; pero luego se les unieron otros yoruba. El caso es que ocupaban una región estratégica para el comercio de aceite de palma, así que constituían una molestia para Dahomey, que trató de eliminarlos en 1851 tomando la ciudad. Lamentablemente, se encontró que ésta era casi inexpugnable, que los egbe obtenían la ayuda de misioneros y además disponían de armamento moderno adquirido a los británicos, con lo que las huestes del rey Ghézo, Mino incluidas, fueron estrepitosamente derrotadas en 1851. Dahomey encajaría un nuevo fracaso en una segunda tentativa, en 1864.
El final de las amazonas llegó, como cabía esperar, a manos de los europeos; franceses, para ser exactos, que fueron quienes colonizaron esa parte de África. La facción de las Mino era partidaria de estrechar relaciones con Inglaterra basándose en que ese país se centraba en el comercio de aceite de palma al proscribir y perseguir la esclavitud, pero otros pueblos de la región prefirieron ponerse de parte de la bandera tricolor. Se reprodujo así en aquel continente lo que un siglo antes había pasado en América del Norte, cuando las tribus indias se vieron envueltas en la Guerra los Castores que mantenían Londres y París por el control de aquel territorio.
En 1890 el rey Béhanzin declaró la guerra a los galos después de que éstos fundaran un protectorado en Porto Novo, un vasallo de Dahomey, amenazando los intereses económicos del reino. Cuando los dahomeyanos protestaron al gobernador, éste, en un alarde de arrogancia, mandó arrestar a sus dirigentes y así se encendió la chispa. El ejército del rey se dedicó a destruir las palmeras y Francia tuvo que negociar: veinte mil francos anuales a cambio de permitir la apertura de una factoría aceitera. Pero Béhanzin usó el dinero para comprar a los vecinos alemanes miles de rifles de repetición, grandes cantidades de municiones, granadas, ametralladoras e incluso cuatro cañones Krupp.
Su objetivo no eran los franceses sino defenderse de los vecinos pero, en cualquier caso, se trataba de un peligroso panorama que los colonizadores no podían dejar pasar; así, aprovecharon un incidente menor en 1892 para iniciar una campaña. Aunque estaban en inferioridad numérica (dos mil hombres frente a los doce mil contrarios) en la batalla de Cotonou los legionarios no sólo se impusieron sino que causaron graves daños al enemigo: dos mil muertos y tres mil heridos frente a sólo setenta y siete bajas galas. Incluyendo a casi todas las amazonas, después de que cargaran cuchillo en mano contra los soldados; y eso que éstos dudaron entre tirar a matar o sólo a herir, lo que les costó algunos caídos.
Dos años más tarde, en Adegon, durante una segunda campaña por la negativa del rey a aceptar el pago de una indemnización y entregar las armas, las Mino fueron aleccionadas para centrar su ataque en los oficiales pero nuevamente fracasaron -únicamente mataron a seis- y las bayonetas acabaron con cientos de ellas; a pesar de su audacia y valor, ensalzado por los propios soldados, resultaron inútiles contra tropas coloniales. Aquella guerra supuso el final del Reino de Dahomey, que pasó a ser un protectorado.
Se cuenta que la última de las cincuenta supervivientes de aquel peculiar cuerpo fue una mujer llamada Nawi que afirmaba haber combatido en Cotonou y vivió más de cien años, hasta 1979.