miércoles, 18 de enero de 2017

ANTONIO BENABIDES oficial que salvó la vida al rey FELIPE V en combate




ANTONIO BENABIDES oficial que salvó la vida al rey FELIPE V en combate





Nacido en el seno de una familia de agricultores canarios

La tarde del 10 de diciembre de 1710, en Villaviciosa de Tajuña, se enfrentaban en una batalla decisiva –dado el avanzado estado de la guerra de Sucesión– el ejército franco-español y el aliado del Archiduque Carlos. El teniente coronel de la Guardia de Corp don Antonio Benavides, al mando de la caballería del ala derecha, se mantenía atento a las órdenes del marqués de Valdecañas, cuando se percató de la diana tan clara que suponía para la artillería enemiga el imponente caballo blanco que montaba el Rey, el único de ese pelaje en aquel emplazamiento elevado, acompañado de sus generales. Entre el estruendo de los cañonazos de la batalla ya empezada, Benavides clavó espuelas en los ijares de su alazán y, abriéndose paso entre la tropa y la guardia del Rey, se plató frente a éste y le advirtió de tan peligrosa circunstancia. Don Felipe concluyó de inmediato que su súbdito y amigo llevaba razón, pero no disponía de montura de repuesto. Benavides no lo pensó, descabalgó y ofreció su alazán al Soberano, que aceptó el cambió. Apenas unos minutos después, sobre la posición de Benavides cayó el fuego enemigo, matando al caballo blanco e hiriendo gravemente al teniente coronel.
Al término de la batalla victoriosa, Don Felipe preguntó por su amigo. El marqués de Valdecañas –que había presenciado cómo una granada de mortero había destrozado al caballo del Rey y alcanzado su metralla a Benavides, que caía bañado en sangre– lo había dado por muerto. Pero Don Felipe no se dio por vencido y ordenó que lo buscaran entre los cuerpos yacentes en el campo y que se cerciorasen de tal circunstancia, ya que aún podía encontrarse con vida. Así fue, en efecto, aunque al borde de la muerte, Benavides, herido gravemente en la frente, fue rescatado y atendido por los cirujanos del Rey, que lograron salvarle la vida. Desde entonces, en presencia de generales y cortesanos, Felipe V llamó padre a Benavides, consciente de que aquella acción del militar canario pudo haberle salvado la vida. De haber caído muerto en Villaviciosa el Rey Borbón, indiscutiblemente, la historia de España, incluso la de Europa, hubiese cambiado.

El 8 de diciembre de 1678, en La Matanza de Acentejo, una pequeña localidad al norte de Tenerife, nacía quien fue Teniente General de los Reales Ejércitos de España don Antonio Benavides González de Molina (o Bazán y Molina, como firmó su testamento), a quien el Rey Felipe V, primero de la dinastía Borbónica en España, llamaba padre. El tercero de ocho hermanos, creció Benavides en el seno de una familia de agricultores que vivía del fruto de su propia tierra. María se llamaba su madre; Andrés su padre, capitán de las Milicias Provinciales. Y precisamente por la condición de oficial de Milicias de don Andrés, a finales de 1698 se hospedó en su casa un capitán de la Bandera de La Habana, que recorría el norte de la isla reclutando a mozos que engrosarían las filas de los ejércitos al otro lado del Atlántico. Según cuanta su primer biógrafo, Bernardo Cólogan Fallón (8 de septiembre de 1772 - 14 de abril de 1814), este oficial advirtió en el joven Benavides tales virtudes y condiciones para el oficio castrense, que pidió a sus padres considerasen su alistamiento en calidad de cadete. Así, en julio de 1699 partió hacia Cuba Antonio Benavides y noventa y nueve reclutas más, campesinos rudos y elementales, que sin haber salido nunca antes de su terruño, cruzarían el océano en un imponente galeón hacia la Nueva España, de la que muchos jamás regresarían.
Tres años pasó Benavides en La Habana, durante los cuales se distinguió por su entrega al servicio y por el sumo interés en el estudio y formación en el oficio de las armas, destacándose sobremanera como jinete y aguzado tirador, causando admiración en sus jefes y ganándose el aprecio de sus compañeros. Escribió Cólogan: «Amante del servicio, lo era igualmente de cuantas obligaciones se le señalaban; subalterno obediente, aprendió con los primeros elementos de la disciplina lo que contribuye a formar el perfecto jefe: y para ser buen general supo primero ser soldado». Ascendido a teniente, luego del estallido en mayo de 1702 de la guerra de Sucesión española, llegó a la capital del Imperio como integrante de uno de los regimientos de Infantería que engrosaban los refuerzos requeridos por Felipe V en su contienda contra el Archiduque Carlos. Regresó el Rey a Madrid el 13 de enero de 1703, después de diversas batallas en Italia, aquejado de su patológica melancolía. Se daba la circunstancia de que, cuando ese mal crónico le aquejaba, sólo encontraba consuelo el Monarca saliendo de caza por la madrileña Casa de Campo, a la que solían acompañarle los mejores tiradores de las Guardias de Corps. Fue entonces cuando a don Felipe se informó de la fama de extraordinario tirador que precedía a un joven teniente procedente de La Habana llamado Benavides. El Rey quiso conocerlo y ordenó que le acompañase en una de esas cacerías. «¡Por San Martín! Sí que tienes pulso, Benavides», había exclamado el Soberano, admirado de tanta destreza que mostraba el teniente con el arma de fuego.
De inmediato, Felipe V ordenó que el joven teniente canario fuera destinado exento a la Guardia de Corps –circunstancia excepcional, dado que a este cuerpo de ejército sólo eran destinado hijos de la nobleza–, con el fin de tenerlo junto a él en las jornadas de caza. Al día siguiente, Benavides ingresó en la Segunda Compañía de la Unidad que, además de ocuparse de la seguridad del Rey, constituía la fuerza militar más elitista de los Reales Ejércitos de S.M.A partir de entonces, muchas fueron las cacerías reales en las que participó Benavides, a lo largo de las cuales nació una sincera amistad entre don Felipe y él.
Pero la guerra continuaba, y, al lado de su Rey, Benavides se batió con ardor y valentía en Flandes; en la toma de Salcedilla; rindió Villareal e Inhiesta; sitió Barcelona y Tortosa; combatió en Almahara y en Peñalba. En dos ocasiones recibió Benavides una felicitación directa del Rey. La primera en agosto de 1710, en Zaragoza, en las proximidades del Ebro, cuando la caballería a su mando se hizo con parte de la artillería enemiga que estaba masacrando a las tropas, a consecuencia del pésimo posicionamiento ordenado por el marqués de Bay, comandante del ejército borbónico. La determinante acción de Benavides trocó por tablas una derrota segura. Y por segunda vez, la mañana del crucial 10 de diciembre de 1710, por la proeza lograda por su caballería en Brihuega, al cruzar a nado las gélidas aguas del río Henares, en persecución del ejército británico del general Stanhope. Firmado el 11 de abril de 1713 el tratado de Paz de Utrecht, Benavides, ascendido a brigadier de Caballería, siguió en la Corte al servicio del Rey, hasta que, ante los problemas derivados de la distancia de las posesiones españolas en el Nuevo Mundo, considerando a su salvador hombre de su máxima confianza, lo nombró Gobernador y Capitán General de la Florida, con fecha 24 de septiembre de 1717.
Como se encontraba por entonces Benavides descansando en Tenerife, para evitarle el viaje a la Corte madrileña, donde debería jurar su cargo, excepcionalmente se le dio permiso para que lo hiciera ante el Gobernador del archipiélago, partiendo de allí a la otra orilla del Atlántico. Con la intención de permanecer en aquellas tierras del virreinato de Nueva España durante cinco años, que era lo preceptivo, Benavides embarcó en la flotilla formada por las fragatas San Jorge y San Francisco y el aviso de escolta San Javier comandada por el prestigioso marino tinerfeño Juan del Hoyo Solórzano, el 29 de abril de 1718, que haría primero escala en La Habana para arribar en San Agustín de la Florida a mediados de junio. De inmediato se puso manos a la obra el nuevo Gobernador, barriendo la administración de corruptos funcionarios, eliminando una red de contrabando liderada por el su predecesor, Juan de Ayala Escobar, que por entonces rendía cuentas de sus fechorías en Madrid.

Al poco de su toma de posesión, el fuerte de San Luis de Apalache, al norte de San Agustín, fue atacado y destruido por guerreros de la tribu apalache, sin duda azuzados por los ingleses. Cuenta Cólogan que, al saberse en mano de los indios un gran número de prisioneros españoles, marchó hacia Apalache solo el Gobernador, con la única compañía de algunos intérpretes y algún oficial, con alto peligro para su vida, con el fin de parlamentar y convencer a los indígenas de la inutilidad de enfrentarse con una potencia como lo era España. Tan alta era su capacidad de convicción y buenas maneras, que firmó un tratado de paz y colaboración con esta tribu, recuperó a los prisioneros y reconstruyó la misión franciscana y el fuerte, del que sólo quedaban rescoldos. Al poco de aquello, unió lazos de amistad y alianza con las tribus Uchize, Savacola, Apalachicola, Achito, Ocmulgee, Uchi, Tasquique, Casista, Caveta, Chavagali y Creek, consolidando un largo periodo de paz. Tales fueron el orden impuesto y los logros alcanzados por Benavides, que el Rey lo mantuvo en el cargo nada menos que por quince años. Y aun habiendo pedido Benavides un nuevo destino en la península, con fecha de marzo de 1733, fue nombrado Gobernador de Veracruz, uno de los puertos más importantes de las Indias españolas, donde se custodiaba la mayor parte de la mercancía del Galeón de Manila, que era recogida por la Flota de Indias y llevada a la España peninsular.
De nuevo, con fecha de 28 de febrero de 1742, el Rey ascendió a Benavides a Teniente General, nombrándolo Capitán General y Gobernador de la Provincia de Mérida del Yucatán y del Puerto de Campeche. Y como tal, le encomendó el mando y organización de una expedición para la defensa de las costas de Honduras y de Tabasco, hostigadas de manera intensiva durante la guerra del Asiento (o de la Oreja de Jenkins) por barcos de la Royal Navy, además de por piratas y corsarios. Firmado el segundo Tratado de Aquisgrán el 18 de octubre de 1748, concluía la guerra con Gran Bretaña. Benavides dio por terminada su campaña en Tabasco y Honduras, asentadas las bases de la más efectiva defensa, estableciendo puertos de avituallamiento para los barcos españoles que combatían a la Royal Navy y a corsarios y piratas. En la península de Yucatán persiguió y encarceló a traficantes de palo de tinte, árbol de cuyas ramas se extraían sustancias para teñir telas, por lo que era muy valorado en Europa. No halló descanso Benavides, que a su avanzada edad ya ansiaba regresar a la patria chica. Así, muerto Felipe V, reinando ya Fernando VI, después de treinta y dos años sin interrupción en el virreinato de la Nueva España, en febrero de 1749 recibió la ansiada misiva del Rey concediéndole el regreso a la península.
Durante aquellos treinta y dos años, Benavides limpió de corruptos las administraciones, mantuvo a raya a los ingleses y expulsó de los mares a piratas y corsarios. Mucho lo quisieron los indígenas y los lugareños de allí donde estuvo, por tantas obras de caridad que hizo, todas de su peculio. Luego de entrevistarse en Madrid con Fernando VI (vistiendo un uniforme prestado por su amigo el Marqués de la Ensenada, dado que el único que conservaba no estaba en condiciones), quien le agradeció sus años de leal y ejemplar servicio –a la vez de ofrecerle la Capitanía General de Canarias, mando que rechazó Benavides–, marchó a Tenerife, donde descansaría hasta el final de sus días. Falleció a los longevos ochenta y tres años, el 9 de enero de 1762. Fue enterrado vestido con el hábito de la Orden Franciscana, abrazado a su fe católica, a la entrada de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz.
En cuya lápida aún reza:
«Aquí yace el Excmo. Sr. D. Antonio de Benavides,
Teniente General de los Reales Exércitos.
Natural de esta Isla de Tenerife.
Varón de tanta virtud cuanta cabe por arte
y naturaleza en la condición mortal».

martes, 17 de enero de 2017

JERONIMO DE AYANZ inventor de maquina de vapor





JERONIMO DE AYANZ inventor de maquina de vapor






ay un personaje escondido en la historia que pudo haber cambiado los designios del mundo: Jerónimo de Ayanz. Este hombre español inventó una máquina de vapor a principios del XVII, casi un siglo antes de que Thomas Savery patentara en Inglaterra el dispositivo que hoy se considera pionero en la tecnología de la Revolución industrial.
Ayanz inventó los primeros prototipos de máquina de vapor antes de que aparecieran en Francia, Alemania o Inglaterra. Pero la España del XVII estaba aún muy lejos de intuir su importancia y de desarrollar ese capitalismo incipiente que en Inglaterra encendió la mecha para que el mundo agrícola se transformara en uno industrial.
Nadie supo ver el valor de aquel ingenio. El prototipo quedó olvidado por el paso del tiempo y así se ahogaron todas las posibilidades de que la Revolución Industrial se produjera en España.
Jerónimo de Ayanz (1553-1613) era un hombre renacentista, autodidacta, que sabía de música, pintura, ciencia y tecnología. Interpretaba sus propias composiciones musicales y propuso crear un museo de pintura antes de que existiera el Museo del Prado. En la guerra fue nombrado caballero y comendador, y en la paz, regidor de Murcia, gobernador de Martos y administrador general de Minas del reino, un cargo que hoy sería igual al de ministro.
Un documento de Felipe III, de septiembre de 1606, recoge 48 privilegios de invención a nombre de Ayanz en sólo ocho años. Era un investigador y un hombre racional que escribió: «Ninguna filosofía hay más cierta que la prueba, porque ella es la que nos satisface y convence a nuestras opiniones».

Pero su espíritu científico pertenecía al futuro. El presente jugaba en contra. Aquel tiempo en el que todo se explicaba por los dictados de Dios aún no estaba preparado para sus experimentos. En aquella España llamada a levantarse en defensa del catolicismo y liderar el espíritu de la Contrarreforma, la ciencia era un estorbo. «Fue un hombre que se adelantó a su tiempo», dice Luis Londaiz y Mencos, marqués de Eslava y único descendiente de Ayanz, una tarde de otoño en Madrid.


Aquel hombre de la más alta aristocracia tenía una fuerza física extraordinaria. De hecho, en la época en que vivió, fue más conocido por su vigor y su ‘ingenio militar’ que por sus inventos, según cuenta su principal biógrafo, Nicolás García Tapia, en Jerónimo de Ayanz y la máquina de vapor, un libro publicado por los ministerios de Defensa, Economía y Competitividad para recuperar la memoria del inventor.
Esa fortaleza sobrehumana aparece descrita en varios versos de Lope de Vega. Ayanz era un héroe en el campo de batalla y en la estrategia militar. Fuerza e ingenio. El navarro, nacido en Guenduláin, poseía los atributos más preciados en el Siglo de Oro español. Lo que no se sabrá nunca es si estaba de buen ver. No se ha encontrado una sola imagen de su aspecto físico.
Ese ingenio es lo que ahora se denomina creatividad. Por eso esta palabra aparece más de diez veces en El Quijote y del término creatividad no hay rastro. De hecho, el protagonista de esta obra es un ingenioso hidalgo, lo más que se podía ser en ese comienzo del XVII en que coincidió la publicación de la mayor parte de los inventos de Ayanz con el clásico de Cervantes. Y esto muestra que el culto a la inventiva no es propia del siglo XXI. Viene de muy lejos.
La fuerza aparece citada más de 100 veces en las aventuras del famoso hidalgo. Lo hizo, por ejemplo, un día que Don Quijote, en su afán justiciero, comenzó a dar voces diciendo: «Aquí, aquí, valerosos caballeros, aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos».
Lope de Vega (1562-1635) llegó a hablar del propio Ayanz.


El vigor de Ayanz aparece en otro libro publicado en 1659. Leonor de la Misericordia contó en Vida de la sierva de Dios Francisca del Santmo. Sacramento que un día «un caballero bien conocido en España por sus grandes fuerças» fue hasta el convento donde se hallaba su hermana y arrancó la reja de una ventana con sus propias manos.
En los siglos XVI y XVII la fuerza física era necesaria para sobrevivir. No sólo en la guerra, que podía estallar en cualquier momento. También en la «cruenta y dura vida de cada día en los pueblos y ciudades», indica la filóloga Carmen Noël en Jerónimo de Ayanz y la máquina de vapor.
Además, por aquel entonces, el trabajo dependía exclusivamente de la fuerza de las manos y las piernas. Había sólo una máquina capaz de producir energía: el cuerpo humano. «Hombres, mujeres y bestias podían consumir grano y carne, quemar sus carbohidratos y grasas, y utilizar la energía para arrastrar un carrito oriental o empujar un arado», escribe el historiador Yuval Noah Harari en Sapiens. «La potencia muscular era la clave de casi todas las actividades humanas. Los músculos humanos construían carretas y casas, los músculos bovinos araban los campos y los músculos equinos transportaban mercancías».


Entonces nadie sabía que, al cocer patatas o hervir agua para el té, tenía ante sus ojos el invento que transformaría un planeta agrícola en otro industrial. Las tapaderas que saltaban sobre el caldero por el calor no eran más que un incordio, según Harari. Durante milenios nadie apreció que esos impulsos que despedían las ollas eran pura energía.
Ayanz vio este potencial mientras trabajaba en las minas, pero la Corte no dio valor a sus prototipos. Dejaron pasar el tren que podía haber convertido a España en el motor de la Revolución Industrial y entonces fue Inglaterra el país que inventó el ferrocarril. «Esta invención habría cambiado la historia», apunta Santiago Asensio, subdirector general de Estudios, Información y Publicaciones del Ministerio de Economía y Competitividad, y responsable de la edición del libro que rescata la figura del navarro. «En aquella época, el rey era el único que tenía capacidad económica para financiar el invento pero no lo hizo. No hizo caso a sus estudios. En cambio, en Inglaterra, ya existía un protocapitalismo y eso facilitó que los científicos encontraran empresarios que financiaran sus inventos. Fue un problema de estructura económica».
Asensio lamenta que Ayanz no encontrara financiación porque no era un inventor que anduviera en las nubes. No trataba de adelantarse a su tiempo. Daba solución a un problema de su época: el agua empantanada en las minas. Pero nadie lo vio. «Muchos inventores fracasan porque idean tecnologías que no tienen sentido en su tiempo. En el caso de Ayanz no fue así. Su invento pertenecía a su época».


Jerónimo de Ayanz fue educado en las armas. Era el oficio que reservaban al segundo hijo en las familias nobles para garantizarles una vida acomodada. El primogénito, en cambio, no necesitaba empuñar un sable. Nacía con la herencia bajo el brazo.
El hijo segundo de Carlos de Ayanz y Catalina de Beaumont resultó ser un militar inigualable. Las crónicas de la época lo comparaban con los héroes mitológicos, según el historiador Diego Valor Bravo. Pero luchando contra la sublevación dirigida por Guillermo de Orange cayó fatalmente herido. Tenía 25 años y la reputación de Sansón.
Juan de Austria y el duque de Parma escribieron a Felipe II para hablarle de Ayanz. El joven se fue a Madrid a recuperarse de sus heridas y en abril de 1579 él mismo volvió a escribir al rey para contarle que aquel infortunio en la batalla lo estaba llevando a la más absoluta pobreza. Ayanz consiguió así su primera pensión del reino. Pero en junio de 1580, aún con las cicatrices frescas, abandonó su retiro para participar en la entrada a Portugal.
El navarro fue bravísimo en la toma de Lisboa y ese mismo año el rey lo nombró caballero de Calatrava. Tan sólo un año después Ayanz descubrió que estaban montando un complot para matar a Felipe II. Fue hábil y rápido para evitarlo, y el rey, agradecido, le concedió sus favores de por vida.
En 1582 Ayanz recibió la encomienda de Ballesteros en la Orden de Calatrava. Aquello suponía unas rentas anuales de 355.000 maravedíes, y a eso se sumaban otras ganancias por los distintos cargos públicos que tuvo a lo largo de su vida. El navarro tenía la economía resuelta y por eso pudo dedicar mucho tiempo a lo que más le gustaba: la invención. Aunque en 1589, cuando se enteró de que los ingleses querían tomar La Coruña, partió desde Murcia, junto a su hermano, para defender la ciudad junto a María Pita.


Jerónimo de Ayanz fue nombrado Administrador general de Minas del Reino en 1597. Durante los dos años siguientes visitó 550 minas por todo el territorio español y, al final de su investigación, presentó un memorial sobre la minería y una serie de propuestas para mejorar su explotación.
En un informe del 16 de marzo de 1602, Ayanz presentó una serie de inventos inauditos en aquella época. Eran equipos de buceo, una balanza que podía pesar «una pierna de mosca», hornos más eficientes, el antecedente del aire acondicionado y el diseño de una «prodigiosa máquina de vapor destinada a desaguar las minas», como la describe Valor Bravo.
Aquel documento donde los prototipos se explican con planos bien detallados incluyen la palabra de unos inspectores que aseguran que todos los inventos estaban en pleno funcionamiento. Los equipos de buceo, por ejemplo, fueron mostrados a Felipe III en las aguas del Pisuerga en agosto de 1602.
Ayanz, además, podría estar en los orígenes más remotos de la documentación que llevó a Julio Verne a imaginar el bólido de sus Veinte mil leguas de viaje submarino. En los inicios del siglo XVII, el navarro dejó sobre el papel un proyecto para construir una barca sumergible.
Y también diseñó gigantes para Don Quijote. Ayanz ideó un tipo de molino de viento de álabes curvos que se colocaba en función de la dirección por la que soplaba la ventisca y otro con dos largos ejes horizontales. 


Pero lo más revolucionario, y lo que ha llevado a Nicolás García Tapia y a Santiago Asensio a intentar rescatar a este personaje del olvido histórico, es aquella máquina de vapor con la que Ayanz quería sacar el agua de las minas de Guadalcanal (Sevilla). No era fácil trabajar en aquellas explotaciones empantanadas bajo tierra. La ventilación tampoco era buena. Los mineros respiraban el poco aire que les llegaba por las chimeneas y un sistema rudimentario de fuelles.
Ayanz propuso varias aplicaciones de vapor capaces de elevar el agua para sacarlo de las minas y crear un sistema de ventilación que hiciera aquellos lugares más habitables. Y al menos una de ellas logró subir el agua. «La máquina de Ayanz funcionaba. Hay documentos que recogen que probaron esos prototipos con éxito», escribe Alberto Sánchez Lite, profesor de la Escuela de Ingenierías Industriales de la Universidad de Valladolid, en el libro del ministerio de Economía. Uno de ellos, escrito por el propio Ayanz. En una carta al príncipe Emanuel Filiberto fechada entre 1612 y 1613, notifica que muchas pruebas «las tengo hechas, y por ellas fe podrán juzgar otras femejantes».
Estos dispositivos están explicados en detalle en una cédula real de 1 de septiembre de 1606 que otorga a Jerónimo de Ayanz la explotación de sus ingenios de vapor durante 20 años. La bomba de agua que inventó este humanista se basa en la fuerza que imprime el vapor a presión para elevar líquidos.
El administrador de Minas describió el proceso en una serie de pasos que empezaban por encender el fuego y llenar media caldera de agua, y acababa con la elevación del agua desde un depósito de presión hasta otro depósito de descarga. Entre este invento y la patente de Thomas Savery de 1698, considerada la primera máquina de vapor en el mundo, hay muchas similitudes, asegura el ingeniero e historiador que ha dedicado más de 20 años a estudiar al personaje, Nicolás García Tapia, en su artículo Some designs of Jerónimo de Ayanz relating to Mining, Metallurgy and Steam Pumps.
La máquina de Savery introduce el agua por vacío. En cambio, la de Ayanz lo hace por gravedad y esto «penaliza menos el ciclo de trabajo», según García Tapia. Además, el noble fue el primero en hablar de los problemas técnicos y de seguridad que ocasionaba la alta presión. Para evitarlos recomendó las soldaduras de plata.
«Se podría decir que ambos inventores comparten un espíritu emprendedor y que ambos se enfrentaron a dificultades técnicas en la puesta en práctica de sus invenciones», escribe Sánchez Lite. Incluso puede que Savery conociera el dispositivo de Ayanz. En Historia de las patentes anteriores a la Revolución Industrial, Nicolás García Tapia asegura que hay una gran similitud entre el documento en el que Ayanz describió sus ingenios de vapor y la patente del mecánico inglés. «Todavía estamos investigando este invento, porque hay indicios de que Savery pudo haber tenido noticias de la máquina creada casi cien años antes por Jerónimo de Ayanz», dijo el académico, años después, en una conferencia en la Universidad de Navarra.
Ayanz propuso también un sistema que introducía vapor en las minas para que se airearan. También se encendía un fuego, también había una caldera y también se abrían y cerraban válvulas. El sistema proponía enfriar el aire mediante un recorrido a través de una tubería que lo condujera por distintas estancias del lugar donde se instalara, preferiblemente, bajo tierra, como bodegas o cuevas, o donde hubiera nieve. Lo más destacable de este sistema de eyección de vapor es que «consiste en el diseño de un primitivo sistema de aire acondicionado, algo totalmente novedoso y sorprendente en su época», según Sánchez Lite.
Después, en 1615, aparecieron los estudios sobre condensación y expansión del vapor del ingeniero hidráulico francés Salomon de Caus. Incluso llegó a construir unos autómatas para probar que el vapor podía dotarles de movimiento. En 1629 el arquitecto e ingeniero Giovanni Branca creó un prototipo que funcionaba con ruedas y un año después David Ramseye patentó un invento que, de acuerdo con Sánchez Lite, «parece ser la primera auténtica referencia al uso del vapor en la literatura inglesa».
En 1663 Edward Somerset, marqués de Worcester, describió la que está considerada la primera aplicación práctica de vapor para elevar agua, y en 1698 Thomas Savery patentó su máquina de vapor.


Cuenta Yuval Noah Harari que hacia 1700 un ruido extraño empezó a reverberar alrededor de los pozos de las minas de Inglaterra. Ese rugido, que emanaba de las máquinas de vapor, era el anuncio de la Revolución Industrial. «Las primeras máquinas eran increíblemente ineficientes. Era necesario quemar una enorme cantidad de carbón para bombear apenas una minúscula cantidad de agua. Pero en las minas el carbón era muy abundante y se hallaba a mano», escribe el historiador en Sapiens. «En los años que siguieron, los emprendedores británicos mejoraron la eficiencia de la máquina de vapor, la sacaron de los pozos de las minas y la conectaron a telares y desmotadoras».
La producción textil se multiplicó por mil. Cada vez había más telas y cada vez eran más baratas. «En un abrir y cerrar de ojos, Gran Bretaña se convirtió en la fábrica del mundo», apunta Hariri.
Y muy pronto dieron con la idea que los convirtió en los amos del desarrollo industrial. El carbón quemado era capaz de mover telares. ¿Podría mucho más carbón mover vehículos? Sí, pudo. «En 1825, un ingenio inglés conectó una máquina de vapor a un tren de vagonetas mineras llenas de carbón. La máquina arrastró los vagones a lo largo de un raíl de hierro de unos 20 kilómetros». Cinco años después, se inauguró la primera línea comercial de ferrocarril. Iba de Liverpool a Manchester.
Había pasado casi dos siglos desde el hallazgo de Ayanz. «La mayoría de los estudios científicos se financian porque alguien cree que pueden ayudar a alcanzar algún objetivo político, económico o religioso. Por ejemplo, en el siglo XVI, reyes y banqueros dedicaron enormes recursos a financiar expediciones geográficas alrededor del mundo y ni un solo penique a estudiar la psicología infantil», indica Hariri en Sapiens. «Esto se debe a que reyes y banqueros suponían que el descubrimiento de un nuevo conocimiento geográfico les permitiría conquistar nuevas tierras y establecer imperios comerciales».

Jerónimo de Ayanz falleció en 1613. Había escapado de la muerte por los pelos 14 años antes cuando, al probar un horno, inhaló unos gases tóxicos. Había dejado los cargos públicos y se habían centrado en sus proyectos empresariales. Pero, al final, la gota que llevaba años padeciendo acabó con él.
Ayanz estaba entonces escribiendo un libro de sus inventos que nunca se publicó. Lo único que queda hoy, cuatro siglos después, es un capítulo dedicado a la máquina de vapor que atesora la Biblioteca Nacional de España. Los cuatro hijos del navarro habían muerto antes que él. La herencia pasó así al hijo de su hermano Francés: su sobrino Jerónimo de Ayanz de Navarra y Garro Beaumont.
Y la historia ha mantenido el rastro de su linaje hasta hoy. El historiador Valor Bravo descubrió que Luis Londaiz y Mencos procede de aquella familia navarra. Incluso ha vivido en la misma casa que nació Ayanz. «Había oído hablar del personaje en la familia, pero no conocía bien su obra», indica el marqués de Eslava, una tarde en Madrid, conversando sobre el inventor. «Es impresionante todo lo que hizo en 60 años. Tuvo un mérito increíble en viajar por tantos sitios a pesar de las comunicaciones rudimentarias de la época. Llegó hasta Flandes y luchó por varios países».
En su testamento, Ayanz lamentaba que no cobraba derechos por sus patentes y que se había descuidado la explotación de sus inventos. Era lo habitual en aquella época. Inventar era un mal negocio. En Jerónimo de Ayanz y la máquina de vapor, el historiador Diego Valor Bravo resalta la «triste fortuna final» que compartieron el navarro y Blasco de Garay (1500-1552). Nunca dieron con una aceleradora o business angel que les echara un cable.
El físico y marino, además, no tenía un maravedí. A pesar de la fascinación que sentía la Corte de Carlos I y Felipe II por sus inventos náuticos, acabó hundido en la pobreza. En una carta al rey Carlos, Blasco de Garay escribió: «Porque sin comer no se puede hacer cosa, en la que demuestra que solo le quedaba la esperanza de pedir para mitigar su estado algo para gustar, porque juro á nuestro Señor que es la mayor necesidad que tuve ni sentí desde que nací, tanto que hoy doy la espada á vender».
Por las mismas penurias pasó Luis Enríquez, un coetáneo de Ayanz que dedicó 25 años de su vida a desarrollar y financiar de su bolsillo una bomba de agua. El 4 de mayo de 1620 escribió una carta a Felipe III en el que, según Valor Bravo, suplicaba que «le haga merced de una ración con que se mantenga para estudiar las matemáticas». En ese memorial decía:
«(…) ha servido con un ingenio famoso de una muy poderosa bomba tal que escede con mucha ventaja a las que comúnmente se usa porque saca tanta agua y con mucho menos trabajo no osbstante que ha más de dos mil años que las antiguas se inventaron… para fabricalla ha tardado más de 25 años como es notorio y esto sin embargo que V. Md. ni otro alguno me ha ayudado ni premiado jamás ni se le ha hecho merced ninguna por donde estoy destruido y acabado».
El impulsor del libro Jerónimo de Ayanz y la máquina de vapor, Santiago Asensio, destaca la grandeza del personaje por todas las cosas que hizo. Luchó, pintó, compuso música, ocupó cargos públicos e inventó. En su biografía hay datos que hacen pensar que fue un buen hombre. Acogió y protegió a la mujer que su hermano rechazó después de dejarla embarazada. «Destaca en muchísimas facetas», recalca Asensio. «Es extraño que no haya tenido ningún reconocimiento. Ni una calle, ni un monumento… Nada».
Pues, como escribió Ayanz al príncipe Emanuel Filiberto, «verdaderamente es grandísima la soberbia de los hombres y no es menos su ignorancia».



lunes, 9 de enero de 2017

AMARO RODRIGUEZ FELIPE Y TEJERA MACHADO (AMARO PARGO)




AMARO RODRIGUEZ FELIPE Y TEJERA MACHADO (AMARO PARGO)




Amaro Rodríguez Felipe y Tejera Machado, seguramente ese nombre no te suene de nada… quizás Amaro Pargo le suene a alguno, pero lo cierto es que este pirata famoso mundialmente sigue siendo un desconocido para muchos canarios. Para hacernos una idea, era igual de conocido que Barbanegra, contra quien también luchó por cierto.
¿Sabías que puedes visitar su tumba o su casa? ¿Que se enamoró de La Siervita? ¿Que aparece en el videojuego Assassin’s Creed IV? ¿O que dejó un tesoro que nadie ha encontrado?


Amaro Pargo (1678 – 1747) nació en La Laguna (Tenerife), se le llamaba Pargo porque decían que se movía en el mar como un Pargo. Era capitán de varios navíos, y además no era únicamente pirata, sino también corsario (tenía el permiso del Rey de España para defender los intereses del país)

Sus rutas normalmente eran hacia América (Cuba, Venezuela…) y, como tenía una destilería en Tegueste, en esos viajes llevaba su propio vino y aguardiente. No nos detendremos en explicar sus aventuras, pero tal fue el éxito que llegó a convertirse en el hombre más rico de Canarias. Además, la empresa Ubisoft, creadores de Assassin´s Creed 4, lo hizo protagonista de dicho videojuego porque en una reunión internacional, se indicaba que Amaro Pargo destacó por encima de todos los corsarios!
Sin embargo, tantos saqueos, luchas, peligros, etc. hicieron que poco a poco fuese cambiando, donando todo lo que tenía a los pobres, y haciéndose cada vez más religioso. Amaro desarrolló una gran devoción por Sor María de Jesús, popularmente conocida como La Siervita, y acudía a ella para recibir consejos. Esta devoción fue tan grande, que algunas voces apuntan a que se enamoró de ella. Más adelante dedicaremos otro artículo a este tema. ¿Sabías que el sarcófago donde está La Siervita fue comprado por él? ¿O que tiene un poema grabado con el nombre de Amaro Pargo semi-oculto?

Para alimentar aun más la ya fascinante historia de este pirata, se sabe que en su testamento está escrito que dejaba un cofre con plata, joyas de oro, piedras preciosas, etc. que siempre llevaba en el camarote. Este cofre lo dejó catalogado en un libro envuelto en un pergamino con la letra D, del que se desconoce su paradero a día de hoy.


Amaro Pargo falleció en 1747. Está enterrado en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán (La Laguna). En ella podrás ver una lápida con una calavera que guiña el ojo sobre dos tibias cruzadas. En dicha tumba también hay más personas, entre ellos los padres de Amaro, o el que fue su esclavo (Cristóbal).
Además de la tumba, puedes visitar su casa. Se sabe que poseía múltiples casas (más de 60), pero quizás la más asociada a él, y donde se cree que pasó gran parte de su vida, está en el municipio de El Rosario, muy cerca (a unos 100 metros) de la iglesia de Machado (donde además podrás ver el único retrato de él). Sin embargo, no esperes ver una casa como tal. La leyenda de su tesoro ha hecho que mucha gente haya destrozado la casa en busca de dicho libro o cofre, y por tanto lo que queda hoy en día está en estado ruinoso. Puedes ver fotos en la galería al final de este artículo.
Sin duda Amaro Pargo es uno de los personajes más fascinantes de la isla de Tenerife, y a la vez desconocido por muchos.




EL REAL DE A 8 PRIMERA DIVISA INTERNACIONAL




EL REAL DE A 8 PRIMERA DIVISA INTERNACIONAL





España, como nacion, no solo fue pionera en las artes maritimas, en las exploraciones de territorios remotos, en la conolizacion y administracion de aquellos, su grandeza abarco muchos campos y uno de ello fue el financiero.
Los Reyes Catolicos llevaron a efecto una reforma monetaria mediante la pragmatica de Medina del Campo de 1.497, estableciendose el real como moneda de curso legal.
Con el emperador Carlos I esta moneda fue adquiriendo una importancia mundial. El "real de a ocho", llamado tambien peso de ocho, peso fuerte, peso duro o dolar español, fue una moneda de gran tamaño, de finisima y pesada plata, de gran calidad que se acuñaban en el imperio español, sobre todo en las minas de plata de Potosi y Huancavelica en Peru y se transportaban a España. Se convirtio en la primera divisa internacional aceptada por todos los paises y empleada durante mas de tres siglos. Tuvo un amplio uso en Europa, en America, en Extremo Oriente, en China, Sudan, Ceilan, Zanzibar, Arabia Saudita, etc, siendo reacuñada por dichos paises imprimiendo su simbolo nacional sobre el "real de a ocho" para hacerla moneda de curso legal en el pais.
Esta moneda llevo los simbolos de España a los lugares mas remotos de la Tierra, en una cara se imprimia la esfigie del rey y en la otra el escudo de España con las columnas de Hercules
Fue la primera moneda de curso legal en los Estados Unidos de America, fue utilizada en dicho pais hasta finales del siglo XIX, aunque en 1.792 se creara el dolar estadounidense, pero fue menos popular que el "real de a ocho" ya que este contenia mejor plata y era mas pesado, se puede decir que utilizaban dos monedas, en 1.857 se prohibio su uso. Un real de a ocho equivalia a un dolar estadounidense. Las 13 colonias inglesas comenzaron a usar el real de a ocho como moneda habitual dada su calidad y abundancia, se le conocia como "spanish dollar". El simbolo actual de dolar estadounidense tiene su origen en las columnas de Hercules del escudo de España que estaban grabadas en el "real de a ocho". Cuando llego a Europa esta moneda, existia otra austriaca de plata llamada "thaller", en castellano "talero", pero de menor calidad que la española. La palabra "dolar" procede de "thaler", "daller", "spanish daller", "spanish dolar" y "dolar estadounidense".
El "real de a ocho" poseia un valor intrinseco por su gran contenido en plata y su abundabcia en el mundo. Muchas monedas estan basadas en el "real de a ocho" como por ejemplo el dolar canadiense, el yuan chino, las monedas de los paises latinoamericanos, etc. Esta moneda fue aceptada por cualquier estado en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Muchos paises lo utilizaron como reserva monetaria. Se llego a usar en territorios tan remotos como Nueva Gales del Sur en Australia. Era tal su importancia que en Inglaterra, aunque siendo enemigo de España, se apreciaba mucho la plata española, alli tambien resellaron el "real de a ocho" pero con la singularidad que le hacian un agujero en el centro del real de tal forma que se obtenian dos monedas, el "chelin" que era la parte mayor y el "penique" que era la parte menor, la parte obtenida del centro del real. Se convertia con ello una moneda española en dos monedas inglesas.







sábado, 7 de enero de 2017

FADRIQUE ALVAREZ DE TOLEDO




FADRIQUE ALVAREZ DE TOLEDO






FADRIQUE ALVAREZ DE TOLEDO

Fadrique Álvarez de Toledo y Mendoza (Madrid, 1580 - id., 1634) fue capitán de la armada del Océano (1618) y derrotó a los neerlandeses (cabo San Vicente, 1621) y a los berberiscos (Gibraltar, 1623). En Brasil expulsó a los neerlandeses (1625) y en las Antillas combatió contra franceses e ingleses (1630).

Su hijo póstumo, Fadrique Álvarez de Toledo y Ponce de León (Madrid, 1635 - id., 1705), fue el séptimo marqués de Villafranca. Capitán general de las galeras de Sicilia (1665) y de las escuadras de Nápoles (1670), fue nombrado virrey de Sicilia (1674-1676) y sitió la ciudad de Messina, sublevada contra el poder español. De regreso en la corte ostentó los cargos de gobernador general de las armadas marítimas (1687) y presidente del Consejo de Italia (1698).

FADRIQUE DE TOLEDO, azote de holandeses, ingleses y turcos
Lo de este buen hombre es para hacer un especial. Considerado por muchos como el mejor marino del siglo XVII, tiene tantas hazañas con finales gloriosos como injusticias sufridas.
Nombrado Capitán General del Mar Océano con 32 años por méritos propios, mantuvo limpias de indeseables las aguas mediterráneas mientras comandaba la Flota del Estrecho. Uno de sus puntos fuertes fue la firme convicción de que el abordaje era la fórmula del éxito en las batallas navales, así que cuando supo que una flota holandesa de 56 navíos entre galeones y mercantes se acercaba al Estrecho, no se amedentró y plantó cara con sus 7 galeones y 2 pataches. El holandés, con una clara superioridad numérica, subestimó el empuje de Fadrique, que al grito de: "Ya que los navíos son pocos, es necesario que el esfuerzo y el valor los suplan" capturó 6 de los galeones mientras el resto de holandeses huían por donde pudieron.
Comenzaba la leyenda de Fadrique de Toledo. Felipe III le nombraba Capitán General de la Gente de Guerra del Reino y en Cádiz no se hablaba de otra cosa. Muchas más hazañas vendrían después, así como las humillaciones y envidias del Conde Duque de Olivares, pero esa es otra historia. De momento, nos quedamos con esta coplilla que se repetía por las calles de Sevilla en su honor :
La Armada Real, que gobierna
El general don Fadrique,
Digo, el nuevo Julio Cesar,
El Alejandro español,
Cuya generosa diestra,
Desde el Ganges al Danubio
Hace que su nombre teman
Noventa leguas de España
Se descubrieron sus velas,
Que azotando las espumas,
Espanta su grandeza



miércoles, 28 de diciembre de 2016

ALONSO ALVAREZ DE PINEDA




ALONSO ALVAREZ DE PINEDA




Nos encontrábamos en los albores del descubrimiento y conquista de América cuando nuestro Alonso recibe un triple encargo, y es que lo que más me gusta de esta historia es el carácter todo-terreno de la expedición. En primer lugar debía explorar y cartografiar el Golfo de México, también debía encontrar el paso hacia el Pacífico y por último interceptar a Hernan Cortes en Veracruz para ganar esos territorios en favor de Francisco de Garay. Ambicioso proyecto el que tenia entre manos Garay pero nuestro personaje no se amilanó y así quedó la cosa:
Álvarez de Pineda fue el primer hombre en cartografiar el Golfo de México. 800 millas que confirmaron que La Florida era una península y no una isla como se creía hasta entonces. También se pensaba que debía existir un paso hacia el Pacífico que nuestro hombre se encargó de refutar, y respecto a Cortés... Pues ya sabemos que Cortes era mucho Cortés, así que Álvarez de Pineda se retiró por donde había venido y estableció un asentamiento a orillas del río Pamuco. Alli le sobrevino la muerte a manos de los indios huastecos. Una vida llena de aventuras para alguien nacido en un minúsculo pueblo de la comarca de Trujillo



LA DEUDA QUE TIENE EEUU CON ESPAÑA




LA DEUDA QUE TIENE EEUU CON ESPAÑA





La ayuda española se suministra a las colonias a través de cuatro rutas principales: desde los puertos franceses con la financiación de Rodriguéz  Hortalez y de la compañía, a través del puerto de Nueva Orleans y el río Misisippi, desde las bodegas de la Habana y desde el puerto de Bilbao, a través de la Gardoqui, familia vasca rica de la época.
A través de la casa Joseph de Gardoqui e hijos, España envió a los EE. UU. 120 000 reales de a ocho en efectivo, y órdenes de pago por valor de otros 50 000. Estas monedas, los célebres Spanish dollars, sirvieron para respaldar la deuda pública estadounidense, los continentales y fueron copiados dando origen a su propia moneda, el dólar estadounidense. Además, a través de la casa de Gardoqui se enviaron 215 cañones de bronce, 30 000 mosquetes, 30 000 bayonetas, 51 314 balas de mosquete, 300 000 libras de pólvora, 12 868 granadas, 30 000 uniformes y 4000 tiendas de campaña, por un valor total de 946 906 reales. El ejército norteamericano que ganó la batalla de Saratoga, fue armado y equipado por España, llevando además, esta victoria la entrada de Francia en apoyo a la independencia de Estados Unidos de América.

El panorama financiero internacional de hoy día comprende un entramado de deudas entre países, una de las más desconocidas es la deuda de 3 billones de dólares que Estados Unidos mantiene con España desde hace más de dos siglos.
Según un estudio realizado por el abogado José María Lancho, los Estados Unidos de América mantendrían con nuestro país una deuda tal que, en caso de ser satisfecha ,igualaría la deuda pública y privada existente en nuestro país equivale a más del doble de nuestro PIB.

Corría el siglo XVII, Inglaterra poseía trece colonias en América del Norte, pero su gobierno sobre aquellas tierras de ultramar estaba a punto de finalizar. Para financiar la revolución, que desembocó en la Guerra de la Independencia, España prestó dinero a los padres fundadores de los Estados Unidos.
Como no podía ser de otro modo, a la hora de determinar el montante del préstamo existen varias versiones. Según España, la cantidad de dinero prestada ascendería a un millón de Reales de a ocho de la época. Según Estados Unidos, la deuda es bastante inferior.
La diferencia entre ambas cantidades se podría deber al lamentable estado financiero de la recién creada república (USA) una vez finalizó la guerra. Debido a esto, los mandatarios del recién creado país, habrían declarado en la Conferencia de París una cantidad sustancialmente menor a la que habían recibido en realidad.
Aunque no hay visos de que la deuda vaya a ser satisfecha, según el abogado José María Lancho, España tendría causa legal y moral para reclamar el dinero, pues tal y como afirma en el informe publicado por la Academia de Jurisprudencia y Legislación, “ninguna de las dos tradiciones, ni la anglosajona ni la española prevén la extinción en el derecho internacional”.
Dado el tiempo transcurrido y el montante al que nos referimos parece altamente improbable que el cobro se vaya a realizar, pero resulta curioso pensar que si el pago finalmente se realizara, no haría falta ningún rescate por parte de la UE. En fin, soñar, de momento, sigue siendo gratis

De entre los muchos aspectos que siguen entre brumas en torno a las relaciones de España y el origen de los Estados Unidos destaca, especialmente, el papel de nuestra Armada.  Para comprender la importancia y dimensión de la intervención marítima de nuestro país en favor de la independencia norteamericana bastaba un cálculo, que no se había hecho, y que demuestra el grado de implicación y sacrificio humano y material en una causa que los dirigentes españoles sabían que cambiaría para siempre la historia de América y su propia historia.

El Santisima Trinidad, el mayor buque de su época. Fue el buque insignia español en el Canal de la Mancha en 1779.
Probablemente el aporte más significativo y decisivo español a la independencia de los Estados Unidos, junto con el  financiero, fue… la propia Armada. A pesar de la relevante e incansable actividad de los Gálvez (Bernardo y Matías) por su entidad, desde el primer día, 22 de junio de 1779, en que España declara la guerra a Inglaterra, la Armada marca la diferencia del conflicto y desactiva el principal recurso militar británico: su propia marina. En los primeros meses del conflicto Luis de Córdova con una escuadra mayoritariamente española aunque comandada por el francés Orvilliers limpió el canal de la Mancha de buques ingleses y creó las mejores condiciones de invasión de la Gran Bretaña desde los tiempos de Felipe II, algo que no lograrían ni siquiera los alemanes en la II Guerra Mundial. La invasión finalmente no se realizó por razones meteorológicas y después por una epidemia que diezmó las dotaciones suponiendo casi 15.000 muertos.

Listado
de buques españoles destruidos, naufragados y capturados durante la guerra sostenida contra Inglaterra en favor de las colonias insurgentes inglesas en Norteamérica.
Procedo a la enumeración por año, nombre y número de cañones caidos por destrucción, naufragio o capturados (un mayor detalle queda para una futura publicación en ciernes):

Año 1779:
El Poderoso de 64 cañones
Santa Mónica de 32cañones
Santa Margarita 32 cañones

Año 1780
Santa Marta de 38 cañones
San José  de 70 cañones
El Fénix de 80 cañones
Monarca de 70 cañones
El Diligente de 70 cañones
Princesa de 70 cañones
Guipúzcoa 70 cañones
Santo Domingo 70 cañones
San Julian 70 cañones
San Carlos 50 cañones
San Juan Bautista (bergantín)

Año 1781
Santa Leocadia 34 cañones
La Grana 26 cañones
Santa Catalina 32 cañones
Tallapiedra 21 cañones
Pastora 21cañones
San Cristóbal 17 cañones
Paula Primera 21cañones
Príncipe Carlos 7 cañones
San Juan 9 cañones
Paula Segunda 9 cañones
Santa Ana 9 cañones
Dolores 7 cañones

Año 1782
San Miguel 74 cañones
Perpetua(fragata)
Begoña (brulote)
Natalia
Santa Catalina 30 cañones

Año 1783
El Dragón de 60 cañones
Las dos Cathalinas (fragata)
33 listado destruidos, naufragados o apresados y miles de vidas de españoles europeos y españoles americanos caídas en una guerra que para los norteamericanos supuso unos 8000 muertos en combate. Desde luego que no hubo menos militares españoles que murieron en esa guerra. Manifiesto, asimismo, mi preocupación por la desprotección de algunos de estos buques, yacimientos arqueológicos que representan un auténtico legado común de las dos Américas y España. Creo que sería un magnífico desafío conmemorativo intentar la excavación de uno de estos navíos bien en cabo de San Vicente, Azores, Brest o Gibraltar, un proyecto que rivalizaría en valor histórico, con éxito, la recreación hecha por Francia de la fragata Hermione que trasladó a Lafayette a Boston.

El que iba a ser decisivo convoy inglés de 63 buques y que por su dimensión iba a determinar a favor de Inglaterra el curso de la guerra con las 13 Colonias, capturado por la Armada española
Lo que no sabemos de la participación española se lo debemos a los falsos mitos. Tradicionalmente y hasta entrado el siglo XX se había venido negando la ayuda española a la independencia de Estados Unidos, especialmente por la propia historiografía americana, y quedó como grabado en el bronce impostado de la Historia que la ayuda francesa fue la que decidió la independencia americana. Sin cuestionar aquí, la importancia de la ayuda francesa resulta una fantasía política ignorar que ni siquiera esta ayuda se hubiera producido en una dimensión crítica sin la implicación y ayuda española. La ayuda francesa no habría sido nunca suficiente ni financiera ni marítimamente, por no hablar de su imposibilidad política. Estados Unidos necesitó que el mayor imperio global en ese momento, España, apoyara su independencia, y esa independencia necesitó una guerra mundial para que Estados Unidos tuviera un sitio en la Historia.
La batalla de Chesapeake enteramente financiada por España.

Sin la intervención española la independencia norteamericana habría sido diferente y la nación que hubiera nacido –con toda seguridad mucho más tarde- habría sido muy distinta.
Debe saberse que las independencias hispanoamericanas jamás contaron con el respaldo similar de ninguna nación europea, la suya fue una independencia más larga, más dura y sin apoyos, más allá de la interesada cirugía británica(entre otras) en la que no entraré aquí. Las independencias hispanoamericanas no contaron jamás con una involucración de la dimensión y desinterés como la española en favor de Estados Unidos. Eso explica mucha historia en el devenir de los pueblos hispánicos en América y en Europa.
Desde la distancia y en un intento por comprender y hacer justicia a aquella nación hispanoamericana que era España en ese momento, con su apuesta por los nacientes Estados Unidos creó uno de los más extraños vínculos entre civilizaciones, un proceso que aún no hemos comprendido y que no ha terminado y… que continúa demasiadas veces –y esto es lo más incomprensible- sobre bases de desconocimiento y de interesado desencuentro. Porque esa identidad: desconocimiento/desencuentro de persistir ha de posponer y dificultar el verdadero momento del continente americano.